sábado, 9 de julio de 2016

UN MUNDO FELIZ: UNA LECTURA ACTUAL


Aldous Huxley escribió su novela más emblemática, Un mundo feliz, en el año 1932; con ella intentaba describir los convulsos acontecimientos que estaba protagonizando la sociedad de Entreguerras. En esta se produjo el ascenso de la sociedad de masas a golpe de producción en cadena, siendo sus principales engendros políticos las dictaduras totalitarias de Hitler y Stalin; aunque, como toda buena novela moderna, esta trasciende la época en que fue escrita y está llena de referencias a categorías universales, planteando una lucha nada optimista entre la libertad del individuo y la sociedad en la que vive, sus leyes, su escala de valores, sus costumbres, sus modas, etc. Esta sociedad en Huxley se convierte en el perfecto gineceo que impide que se desarrolle el individuo y, por tanto, la libertad.
A lo largo de esta dictadura distópica, curiosamente, el autor parece justificar, mediante la guerra o la revolución la necesidad del control social o, al menos, dar causa al origen del mismo. El autor tenía en la retina el recuerdo de la I Guerra Mundial (1914 – 1918) y en su novela, la Guerra de los Nueve Años justifica el desarrollo de un sistema de control a partir de la tecnología: selección mediante ADN, condicionamiento clásico o pavloviano desde el nacimiento, inducción constante de sesiones de hipnopedia y, para los episodios coyunturales de pérdida de “felicidad” pasajera, un chute de soma. Este control social se extiende a toda clase de sentimientos y, así, se toman todas las precauciones para que las relaciones sean lo más superficiales posibles, para que, de este modo, nadie se implique emocionalmente. En resumen, como en el propio libro describe el autor, se ha desarrollado un cristianismo sin lágrimas. Este control de los individuos también sirve para establecer una perfecta jerarquía de la sociedad. La población, desde el nacimiento, se encuadra en Alfas, Betas, Gammas, Deltas y Epsilon, según sus capacidades, ya que de otro modo estos se hubieran autodestruido luchando por los mejores puestos de la sociedad, como demostró uno de los experimentos en que se eliminaron las jerarquías sociales y la revolución acabó con la mitad de la población.
La conclusión final a la que nos aboca la lectura es que el autor nos ha situado ante una dictadura de carácter estructural, donde el máximo dirigente que aparece en la novela, Mustafá Mond, parece una pieza más del engranaje que ha sido situado allí por sus aptitudes y que, al igual que él sustituyó a otro consejero, este también será sustituido. Pese a su consciencia de la distopia de la que forma parte y del acceso a conocimientos diferenciados respecto del resto de la población, este no hará nada que ponga en riesgo la sociedad “perfecta” que ideó Huxley, más bien todo lo contrario. En resumen, el verdadero filo ejecutor de los individuos que forman esta sociedad son el desarrollo y la tecnología, unos entes abstractos que han situado como fines absolutos la felicidad y la estabilidad, frente a la verdad y la belleza, algo vetado a la mayoría de la población.
Frente a la abrumadora realidad anterior se alzan, en Islandia, como una resilencia del pasado, los salvajes, aquellos que viven condicionados por sus sentimientos: sufren, sienten dolor, lloran, padecen y, del mismo modo, también conocen la alegría, la felicidad y la satisfacción. A través de un viaje a esta isla que llevan a cabo Bernard y Lenina, dos miembros un tanto inconformistas de la distopía, Huxley establece una ruptura literaria con algunas de las convenciones más arraigadas de la cultura occidental, situando en un ambiente salvaje y de “rechazo” por la parte más civilizada de la sociedad convenciones tales como la vejez o la maternidad, aspectos que en la tecnocracia de Huxley habían sido desterrados y que sus habitantes las descubrían con asombro, comicidad e, incluso, horror. La ruptura de las normas sociales llega a tal extremo que la familia es perfectamente identificada como una mera convención social. También será en esta isla donde aparezca el auténtico protagonista de la novela, John, que, como no podía ser de otro modo, se nos presenta como un auténtico inadaptado social, un espíritu libre que nada entre dos mundos y que vive el rechazo de ambos.  

En resumen, una novela recomendada para aquellos que sientan la amenaza de la biotecnología, la robótica y la Inteligencia Artificial, nuevos campos que ha desarrollado la ciencia y que amenazan el mundo que conocemos, aunque de nuestra “libertad” en el uso y abuso de dichas tecnologías siga dependiendo el futuro que ahora estamos construyendo. 

martes, 8 de marzo de 2016

LOS BAROJA: UNA VIDA DESDE EL ATALAYA



El lector, al menos ese fue mi caso, tendrá una idea diferente de esta biografía cuando finalice su lectura respecto de lo que esperaba cuando leyó el título Los Baroja: memorias familiares. Esto suele suceder en casi todas las obras, pero aquí se convierte en una clave que nos ayuda a descubrir ante lo que realmente estamos, la biografía de un solo personaje. Nos acercamos a la obra de Julio porque como muchedumbre buscamos las indiscreciones de uno de los mejores escritores de la Generación de 1914; como minoría, la de uno de los mejores grabadores de la primera mitad del siglo XX; y quizá, como élite conocer a uno de los mejores antropólogos que ha tenido este país en su historia. Por tanto, no espere el lector encontrarse con la extensa familia de los Baroja, ya que cuando terminas el libro, sólo te quedas con la biografía de Julio Caro Baroja.
Esto no quiere decir que, como en toda biografía, la familia no ocupe una parte importante, ya que ésta condiciona a todo ser humano, en mayor o menor medida, ya esté esta presente o ausente. Si cabe, más en los países mediterráneos y más si eres un soltero que nunca se ha atrevido a salir de su círculo de relaciones. El propio autor es consciente de esto mismo y desde el primer momento se compara con el personaje de Dombey de Charles Dickens, para resaltar el haber sido un niño solitario rodeado de adultos (1997:24). Aunque la relación con su familia no adquiera tintes tan oscuros como en la novela del escritor inglés, en ciertos momentos sí nos hace pensar que la figura de Julio se ve oprimida por la brillantez de los suyos, convirtiéndose en una figura secundaria de su propia vida. A lo largo de la obra Pío Baroja es tratado como una especie de ídolo familiar, sin perfiles, sin apenas manifestaciones, ni sentimientos, no vaya a ser que un crítico literario los saque de contexto. De hecho el capítulo V dedicado por entero a él no nos aporta prácticamente nada sobre la obra o el carácter de Pío Baroja. En toda esta biografía de cerca de 550 páginas sobre “Los Baroja” sólo conseguimos adivinar que Dostoyewski y Dickens fueron sus dioses mayores (1997: 117). El resto de los miembros de la familia de Los Baroja no serán tratados con tanta distancia. Su tío Ricardo será criticado por su “dandismo”, su versatilidad, su derroche de energías y aptitudes que, según él, no seleccionó bien acaso porque en el primer golpe siempre tenía suerte y el segundo le fallaba por falta de voluntad o indiferencia (1997: 85). También serán expuestos al público otros miembros más anónimos de la familia, aquí sus simpatías se dividen entre la querencia por los personajes femeninos de su familia y la ridiculización de los masculinos. El abuelo Serafín, al que llama el hombre shelebre, un antiguo ingeniero de caminos, que es presentado como un intelectual frustrado que publicaba un “folletín” cuya lectura no resultaba entretenida, hasta tal punto que sólo una tía benévola sería capaz de encontrarlo original e interesante (1997:46). Pero sus dardos más hirientes van contra el carácter “pasional” y arbitrario de su padre, al que describe siempre con la distancia de alguien ajeno a la familia, una familia que es la de la madre. Por tanto, deja a la madre y a la abuela al margen de la crítica, porque éstas dentro del esquema de familia tradicional vasca gobiernan la casa y centran la atención en su cuidado. Aunque desde el principio marca distancias con el género femenino al considerar que lo fundamental de este es la búsqueda de la “felicidad”, algo que él desterró pronto de su mente. (1997: 63)
En este libro también vemos cómo los Baroja, al margen de los afectos familiares, construyen su identidad como familia a través de la política. Esto no deja de ser curioso en un Julio Caro Baroja que se quiere mantener equidistante de las posiciones ideológicas más extremas. La  identidad, tanto entre los miembros más antiguos como entre los más modernos de la familia, la construyen en torno a un liberalismo progresista propio del siglo XIX, donde el anticlericalismo y una manifestación pública de ateísmo es el elemento de definición más claro. Este, en el siglo XX, sólo transita hasta la Guerra Civil a través del ideario del Partido Radical o los diferentes partidos republicanos. Además como la definición de liberal es una especie de cajón de sastre ideológico donde caben muchas identidades, dependiendo del tiempo y del lugar, el autor, con buen criterio, define en la obra qué es para él el liberalismo: …el que hace de la libertad de conciencia individual la base de toda operación política y social (1997: 237). Como ya he dicho, este liberalismo se completa con un ateísmo cuyas manifestaciones salpican el libro. A los ocho años se enfrenta a los niños y sus familiares de  Vera de Bidasoa haciendo profesión de la “fe” familiar, para espanto de los presentes (1997:23). Esta también aparece cuando defiende la mayor diversidad y densidad cultural de los politeísmos frente a los monoteísmos, dando lugar a uno de los pasajes más bellos del libro:…Los pueblos del Mediterráneo que han tenido una idea clara de las limitaciones de la vida, de las diversidades, oscuridades, matices y contingencias de que está llena son los que han dejado una herencia mejor no sólo para el desarrollo de las artes y las ciencias, sino también para el de las concepciones religiosas y filosóficas… En cambio, los que partiendo de la idea de un Dios único de dimensiones infinitas no han hecho más que producir fanáticos y dogmatizantes(…) El Dios infinito es el de los desiertos;  los dioses especiales son los de los montes, las bahías, los bosques, las islas griegas… ¡Qué más quisiéramos hoy que tener una sólida religión pagana a nuestro servicio! (1997: 212)  El tercer episodio que muestra el liberalismo anticlerical de la familia de los Baroja se produce ante la muerte de sus dos tíos, el primero que fallece es Ricardo en 1953 y, al poco, Pío en 1956, todavía en plena Posguerra y hegemonía del nacionalcatolicismo. Estos exigen en el testamento a su sobrino que sean enterrados en el cementerio civil de Madrid, Julio lo cumple sin dudarlo y sin tener en cuenta las presiones que se producen por diferentes elementos del Régimen, sobre todo, cuando muere Pío, dada la mayor relevancia pública que adquiere su funeral. (1997: 512 – 515).
El liberalismo anticlerical que ha sido descrito en los párrafos anteriores representó lo que el historiador inglés Paul Preston conceptualizó como las tres Españas (1998), es decir, lo que en palabras del propio Julio sería alguien alejado tanto de la masa como de los cuarteles. Este relato de la tercera España, a través de diferentes anécdotas de su familia es lo que creo que tiene un mayor interés para el lector, ya que nos permite acercarnos al Madrid de las tertulias previas a la Guerra Civil. En estas establecen relaciones sus tíos, pero también la menos conocida Carmen Baroja Nessi. Los otros centros de interés serán el Ateneo de Madrid y la Institución Libre de Enseñanza, claves no sólo en la vida cultural y social de nuestro país hasta 1939, sino también en la vida política, ya que a través de ellos y por estas páginas transitaron personajes tan relevantes como Valle–Inclán, Azaña, Ortega o María de Maeztu. Según avanza el relato y nos acercamos a los años críticos de la II República y la Guerra Civil Julio Caro Baroja se quejará de la politización cultural de estas instituciones y, también, hablará con menos interés de los autores más politizados. De este modo considera que los socios fundadores del Lyceum empezaron a dejar de ir cuando este estuvo dominado por mujeres de políticos republicanos y socialistas (1997: 65). Esta moderación se mantiene a la hora de describir a la Institución Libre de Enseñanza, ya que defiende que en esta Institución también había profesores que hacían gala de su catolicismo y conservadurismo, aunque no eran los que daban mayor tono moral e intelectual a dicha Institución (1997:149). Otro ejemplo de su posición equidistante fue cuando critica la famosa quema de iglesias y conventos que se produce durante la proclamación de la II República en abril de 1931, con frases como: frialdad burocrática o que estuvo llena de comentarios burlones (1997: 202). También criticó que los políticos republicanos y socialistas quisieran establecer una nueva aristocracia de familiares y amigos, como los regímenes anteriores, pero con más cultura. (1997: 205) Lo mismo le sucede al Ateneo que, en los años 30 se convirtió, según Julio, en una sucursal del Congreso. En lo que respecta a los episodios familiares destaca la riña entre Ricardo y Azaña, de ahí la animadversión hacia los políticos de la II República que muestra el autor, como ejemplo dice que tanto Largo Caballero como Azaña eran falsos hombres enérgicos y que Indalecio Prieto era un falso hombre hábil (1997: 228).
En resumen esta equidistancia “calculada” que se manifiesta a lo largo de todas las páginas del libro, también se manifiesta en un aislamiento intelectual de la familia y en una decadencia de los negocios del padre en el período de la historia de España en el que se vive un mayor radicalismo en la esfera política y que el propio autor fecha entre 1928 y 1936 (1997: 185). Personalmente alargaría la cronología hasta la Guerra Civil, ya que el padre fue testigo de la demagogia de los rojos y el resto de la familia de la demagogia Blanca en Vera (1997: 287), aunque sobrevivieron porque Julio ingresó en una lista colectiva para ingresar en Falange y su padre por la posesión de un carnet de la C. N. T. (1997: 294).
En un tono menor también son interesantes las anécdotas sobre el sistema académico que sufrió Julio Caro Baroja, ya fuera éste durante la escuela, instituto o universidad. Las horas le parecían larguísimas, inacabables  y no conservaba de ellas ningún buen recuerdo. (1997: 145). También en este anecdotario biográfico asoma su peculiar misoginia, al considerar que las alumnas de la ILE son aplicadas, cumplidoras, obedientes y sumisas, les falta chispa e inteligencia. Cuando no son equilibradas parecen cuerpos inertes y de vez en cuando sale alguna con caracteres tremebundos de pandorga contestataria (1997: 158)
También encontramos en estas páginas a los que fueron sus padres intelectuales: Aranzadi, el padre Barandiarán y Hugo Obermaier (1997: 218). En el resto de páginas sólo encontramos críticas a la universidad, entre las que destaca aquella que se produce por su abandono de los estudios de arqueología a la que definió como estudios de: pucherología trascedental o la ciencia de averiguar los caracteres de hombres mediante pucheros quebrados (1997: 219). Los pasajes antropológicos son escasos. Nos habla brevemente de cómo la familia también condicionó su actividad profesional, ya que se hizo antropólogo por amor a Vera y cargó su vida de quehaceres culturales para, según sus palabras, olvidar la violencia de la vida pública, las zozobras familiares, los pensamientos obscenos y la lujuria no satisfecha (1997: 270). En relación con su trabajo de antropólogo, al final del libro habla de su paso por Andalucía entre 1949 y 1950, donde aparecen ciertas reflexiones audaces sobre el descuido hacia el jornalero y su mal trato (1997: 433) o cómo Andalucía históricamente se ha convertido en escombrera de mina de la civilización mediterránea (1997: 440)
Por último, sólo cabe reseñar que, como su vida, tampoco su escritura es excesivamente alegre, en muchos casos nos recuerda la escritura de los escritores realistas del siglo XIX, excesivamente descriptiva, redundante, decimonónica. Desde los inicios el autor nos indica que escribe desde la vejez, sin apasionamientos, casi desde la ataraxia, donde se ha ido tanto lo bueno como lo malo. La biografía la comenzó a escribir en 1957, cuando se sentía un muerto con cierta inteligencia (1997: 10). Así se sentía y… como no puede ser de otro modo, así sentimos nosotros, a veces, su escritura. 

jueves, 3 de marzo de 2016

LA PASOKIZACIÓN DEL PSOE

http://postdigital.es/2016/02/24/podemos-rompe-negociaciones-con-el-psoe-por-su-pacto-con-politicas-economicas-proximas-a-las-de-la-fundacion-faes-p19976/


El resultado de las últimas elecciones generales, como ha dicho Pedro Sánchez, imposibilita un gobierno monocolor y exige una política de pactos o, según sus propias palabras, una política de mestizaje político. Esto es cierto, lo que no es tan cierto es que sea lo que en las últimas horas ha presentado en el Congreso de los Diputados a sus votantes y al resto de los españoles, un pacto entre Ciudadanos y el PSOE, donde el 80% del programa pactado es el del partido naranja. Esto supondría, entre otras cosas, un contrato único a la austríaca, en el que sólo tendrían derecho a indemnización por despido los trabajadores que llevaran trabajando x años, es decir, liberalizarían todavía más el mercado laboral y todo el mundo iniciaría su carrera profesional, en España, sin apenas protección social. Por otro lado, también se asumirían los 10.000 millones de euros de recorte que la troika nos impone. Todo esto sin apenas ninguna contrapartida para la izquierda.

¿Por qué se produce esta rendición de Pedro Sánchez respecto de unos presupuestos iniciales que suponían pactar con UP y Podemos? Esta posición inicial era más lógica incluso desde el punto de vista de la aritmética electoral, ya que UP y Podemos tienen 71 diputados, 31 más que los de Ciudadanos e, incluso, sus posiciones ideológicas podrían permitir la incorporación de otros partidos políticos como los nacionalistas de izquierdas, permitiendo, de este modo, la tan ansiada elección presidencial. El problema es, por tanto, que en la lucha interna del PSOE se han impuesto los barones que no quieren desmontar el régimen de 1978, que se sienten amenazados por el discurso de UP y Podemos, y que, incluso, parte de ellos participa de los consejos de administración de las empresas del IBEX 35. Estas también han presionado para que Pedro Sánchez pacte con Ciudadanos y no con UP y Podemos.  Pero no lo olvidemos, desde la crisis de 2007 esta es una realidad cada vez más alejada de la ciudadanía, aunque las encuestas electorales, financiadas por las mismas empresas que han urdido parte de esta trama, nos digan lo contrario.  

domingo, 10 de enero de 2016

EL PROCÉS Y VIVA LA LIBERTÁ


FUENTE: http://www.20minutos.es/noticia/2645089/0/junts-pel-si/negociacion-cup/artur-mas-carles-puigdemont/

Este fin de semana, según se resolvía, de modo cada vez más estrambótico, el llamado procés catalán,  aproveché para ver la película del director italiano Roberto Andó Viva la Libertá. Esta obra nos recuerda que, en la Europa actual, sólo un loco sería capaz de romper con la historia de los partidos políticos que guardan en su interior diferentes facciones que, en el mejor de los casos, representan las voces de un pasado que ya no existe. La contradicción de nuestro tiempo es que afrontamos los problemas de un futuro, cada día más veloz, con el ojo centrado en el retrovisor de la historia más cercana.
La política es un espacio que no se puede evitar, de ella depende la organización de la sociedad en la que vivimos, ni siquiera cuando ésta es capturada por una dictadura uno abandona dicho espacio, por mucho que ésta lo proclame. El problema se sitúa, por tanto, en la utilidad de dicho espacio. Una utilidad que se manifiesta cuando conseguimos que el individuo en particular y la sociedad en su conjunto ganen espacios de libertad. La Constitución de 1978 se legitimó, en el peor de los casos, porque generaba un nuevo espacio de libertad frente a la España de Franco, lo que dio confianza en el futuro a la gente que la apoyó. Un futuro que se está quebrando a partir de la crisis económica que se inició en 2007 y su manifestación más política, el llamado procés. Pero la respuesta no ha sido como en la década de los 70, abriendo nuevos espacios de libertad, sino encerrándonos en lo peor de la política: la negación de la realidad, los pactos contra natura, el chantaje y los pactos entre unas élites políticas que sitúan sus intereses por encima de la sociedad que construyen. Una parte importante de la ciudadanía no va a entender cómo algo tan importante como la construcción o destrucción de un Estado esté al margen de su voto.
A los que estamos a favor de que Cataluña continúe dentro del Estado español sólo nos cabe intentar convencer a la sociedad catalana que no piensa como nosotros de por qué es mejor seguir aquí, de por qué es absurdo construir como instrumento de lucha un Estado–nación, propio del siglo XIX, para luchar contra el capitalismo globalizado del siglo XXI, donde hasta la soberanía a través de referéndums es quebradiza. A lo nuevo no hay que responder bajo los supuestos del pasado y el miedo, hay que afrontar los problemas racionalmente, discutirlos en libertad y aceptar la conclusión a la que se llegue, aunque ésta no sea la mía. Para despedirme recordar, como lo hace Toni Servillo en la película Viva La Libertad, las palabras que dedica Bertolt Becht a los que dudan:

Dices que nos va mal. La oscuridad
crece. Las fuerzas flaquean.
Después de trabajar tantos años
nos encontramos ahora en una situación
más difícil que cuando
comenzamos.

El enemigo es ahora
aún más fuerte que nunca.
Parece que haya crecido su fuerza. Ha cobrado
una apariencia de invencibilidad.
Mientras que nosotros hemos cometido errores,
es inútil negarlo.
Cada vez somos menos. Nuestras
consignas son confusas. Una parte
de nuestras palabras
ha sido tergiversada por el enemigo hasta convertirla en
irreconocible.

¿Qué es erróneo, falso, de todo aquello que hemos dicho?
¿Una parte o todo?
¿Con quién contamos todavía?
¿Somos supervivientes, arrastrados
por la corriente? Quedaremos rezagados, sin
comprender ya a nadie, incomprendidos por todos.

¿O podemos contar con la buena fortuna?
Esto preguntas. No esperes
otra respuesta que no sea la tuya.

sábado, 5 de diciembre de 2015

LA UNIÓN DE LA IZQUIERDA

En las elecciones del 20 de diciembre de 2015 la izquierda a la izquierda del PSOE nunca ha tenido tantas oportunidades como hasta ahora de sacar un buen resultado electoral, como consecuencia de la crisis económica y el modelo neoliberal que Rajoy y la Unión Europea han planeado y ejecutado para nuestro país. Los datos hablan por sí solos, según la Encuesta de la Población Activa del tercer trimestre de 2015 los contratos temporales crecieron en 205.500 personas y los fijos descendieron en 18.900. La tasa de desempleo se sitúa en 4.850.800 personas y sólo se ha reducido en cuatro años en 147.200 personas, una cifra que se agrava al conocer que 500.000 personas han abandonado el mercado laboral o que las familias con todos sus miembros en paro se han incrementado en 147.700 hasta 1.572.900.
En resumen la tragedia mayor de la crisis económica que es el desempleo continúa y, además, aumenta la desigualdad, algo que también podemos constatar a través de las estadísticas del INE y que recogió el diario Público en el siguiente artículo La maltrecha España que deja Rajoy en 14 gráficos (http://www.publico.es/economia/maltrecha-espana-deja-rajoy-graficos.html data: 2/12/2015). En este artículo se establece que la tasa de cobertura de desempleo ha bajado del 72% al 54%, que el porcentaje de trabajadores pobres ha pasado del 11,6% al 14,2%, la renta media por persona ha bajado de 10.858 euros a 10.391 y los hogares en situación de pobreza energética ha subido del 6,5% al 11.1. Podíamos seguir trayendo a estas páginas más datos, pero parece evidente que todos apuntan a la misma dirección. Después de cuatro años de gobierno de Rajoy no sólo somos más pobres, sino que los que lo eran en 2011 ahora lo son más y la recuperación sólo ha favorecido a los que nunca han estado en crisis. Pero la pregunta sería, ¿qué alternativa tenemos a esta debacle socioeconómica? La respuesta es débil y está dividida. La izquierda no ha optado, como lo solía hacer en época de emergencia social por una unidad de acción en torno a un programa mínimo. Los ejemplos en la Historia son múltiples, los frentes populares de los años 30 o el Programa Común de comunistas y socialistas de cara a las elecciones legislativas francesas de 1973.

¿Qué tendrá que pasar en este país para que la izquierda se una en torno a una bandera que proteja a quienes están siendo expulsados de nuestra sociedad?

martes, 6 de octubre de 2015

LA INTENCIÓN NEOLIBERAL DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN

                      Imagen extraída de: http://www.atlantico.net/articulo/area-metropolitana/rajoy-recibe-passos-coelho-copresidir-xxviii-cumbre-bilateral/20150622113446481089.html. DATA 6/10/2015

El día 4 de octubre de 2015 se produjeron las últimas elecciones generales en Portugal y la mayoría simple de los conservadores con el 36,83% de los votos llevó a la prensa española a encabezar dicho acontecimiento con los siguientes titulares: ABC “Portugal respalda la senda de las reformas”  (5/10/2015) y “ante un macrorrescate se puede reaccionar como los griegos o los portugueses. Grecia está hundida y Portugal flota” (6/10/2015), El Mundo “La victoria de Passos Coelho alienta a Rajoy” (6/10/2015); La Razón “Portugal avala la buena gestión” (6/10/2015); y, como no, El País “Portugal avala en las urnas las políticas de austeridad del Gobierno”. Los periódicos más leídos de la prensa escrita española comparten un eslogan en común: “españoles cuidado con lo que vais a votar el 20 de diciembre, mirad lo que les ha pasado a vustros vecinos, una Grecia cada día más marginal en Europa y un Portugal que avala las políticas de austeridad”. La prensa escrita, por tanto, sostiene la imagen de una Grecia que siempre ha sido el alumno descarriado de Europa y un Portugal pelota con la Troika que se convierte en el modelo a seguir. En la historia del periodismo nunca antes se confundieron con tanto descaro las intenciones de los periódicos con los hechos que narraban. Decía Bertrand Rusell en una entrevista que realizó la BBC en 1959, poco antes de morirse, que quería dejar el siguiente legado moral: “cuando estés estudiando algo… pregúntate a ti mismo, ¿cuáles son los hechos?... Nunca te dejes desviar, ya sea por lo que deseas creer o por lo que crees que te traería beneficio si así fuera creído[1]”, adjunto la referencia del vídeo con el deseo de que conmueva la ética periodista de algunos editores mencionados anteriormente.
Los datos son los siguiente: hubo 5.380.280 votantes un 57% del total, 175.255 y 1,92 puntos menos de participación que en las anteriores elecciones. De esto se puede concluir que la política portuguesa tiene un problema a la hora de convencer a sus ciudadanos de la oportunidad de sus programas políticos, incluido el ámbito económico. Además el partido que respaldaba las políticas de Passos Coelho eran el PPD/PSD que en las anteriores elecciones había conseguido 2.146.108 votos, el 38.63% y 105 diputados, además del fusionado CDS-PP que obtuvo en 2011 652.379 votos, el 11.74% y 24 diputados. Esto quiere decir que los partidos que han defendido las políticas de austeridad han sacado 1.981.388 votos, el 36.83% y 99 diputados, es decir, 817.099 votos, 13,54 puntos y 30 diputados menos que en aquellas elecciones. Un pequeño detalle que han pasado por alto nuestros periódicos es que estos dos partidos compartían candidatura. De este modo los hechos nos dicen que casi un millón de votantes portugueses han abandonado las políticas de austeridad, por tanto ¿dónde está el apoyo de los portugueses a las políticas neoliberales seguidas por Passos Coelho?
Aunque Portugal quede emocionalmente lejos para la mayoría de los españoles, al menos más que su distancia física, no se aproveche de esto nuestra prensa, utilizando sus elecciones como un mero espejo donde reflejen sus aspiraciones para las elecciones del 20 de diciembre de 2015.

lunes, 31 de agosto de 2015

ELECCIONES EN CATALUÑA

Imagen extraída de El Confidencial: http://www.elconfidencial.com/espana/2015-08-31/anc-y-omnium-viajan-esta-semana-a-madrid-para-tratar-de-internacionalizar-el-27-s_994398/

En las elecciones de Cataluña del 27 de septiembre se dirime algo más que unas elecciones autonómicas, aunque tampoco creo que sea algo tan grande como el destino de un pueblo. Éste se va construyendo, más bien, con las pequeñas acciones de sus ciudadanos y agentes económicos y sociales en el día a día, más que con grandes hitos de la Historia. El problema de estas elecciones, al menos para mí, es que se ha generado un discurso identitario excluyente en ambos bandos.
Dentro de lo que sería el discurso nacionalista catalán, no me gusta que se centren en el ámbito económico, que muestren su falta de solidaridad con regiones mucho más pobres que la suya, que identifiquen su quehacer político diario con algo tan egoísta como las balanzas fiscales. Según los datos que el Ministerio de Hacienda publicó en el año 2014 Cataluña perdía el 6,55% sobre su PIB, frente al 15,73% que ganaba Extremadura, pero hay que completar estos datos con la renta per cápita que en Cataluña sigue siendo, según el INE para 2014, un 41,65% superior al de Extremadura, 26.996 euros frente a 15.752. Personalmente considero que la razón de un Estado es establecer un vínculo de solidaridad entre sus ciudadanos y éstos, en nuestro  sistema constitucional, forman regiones. Puedo entender que la derecha que funda las desigualdades sociales en el mérito y la capacidad defienda que los extremeños, por no mentar otras regiones, se han merecido estar a la cola de España en cuanto a ingresos y que sólo ellos tienen que solucionar su problema; pero la izquierda que entiende la desigualdad como un fenómeno estructural, fruto de la Historia, las decisiones pasadas, las posibilidades geográficas, la mayor dotación de capital humano y físico que se ha acumulado en unas regiones del planeta a costa de otras, no puede dejar a su suerte a aquellos que han sufrido un peor reparto, ni siquiera en épocas de crisis como la actual, que afectan a todas las regiones, incluida Cataluña.
Dentro de lo que sería el discurso nacionalista español, no me gusta que nieguen la realidad cultural y lingüística diferenciada de una región que tiene derecho, como lo tenemos todos y todas, a sentirnos lo que queramos, a tener libertad para elegir nuestro futuro. La convivencia se funda en el derecho a decidir, a reafirmar mi pertenencia a una entidad superior a mi persona y este es un ejercicio que no se puede negar. Los ciudadanos catalanes no tienen por qué aguantar las constantes agresiones que sufren por parte de una derecha que utiliza estos ataques para ganar votos en otras regiones. No es tolerable que se siga atacando gratuitamente a una lengua y cultura porque ésta sea diferente a la mía y en aras de una uniformidad y homogeneización que son propias del siglo XIX, no del presente. El que los catalanes tengan derecho a expresar su diferencia y que ésta sea respetada nunca debió ser puesta en cuestión por el resto del Estado español, si realmente queremos que éstos sigan perteneciendo a un espacio de convivencia común como se supone que era nuestra democracia.
Por último, tampoco me gusta la supuesta neutralidad que expresa el socialismo español, que hasta el momento había sido la mejor expresión del encaje de Cataluña en el Estado español. Éstos se limitan a elevar la entelequia de la Constitución y la legalidad en su discurso, algo que en el fondo está vacío de contenido, ya que ésta depende, en último término, de los ciudadanos sobre los que ambas rigen. Los votantes son los que aceptan dicha legalidad y cuando quieran tienen el derecho a cambiarla, si no viviríamos en algo diferente a una democracia, que Rousseau definió como el gobierno directo del pueblo. Una Constitución son las normas básicas de la convivencia de las que un Estado se dota y sólo la soberanía nacional, es decir, la explícita decisión de los ciudadanos la puede modificar, por tanto, esta nunca puede ser esgrimida en contra de los deseos de éstos. No se puede esgrimir una legalidad constitucional contra una mayoría ciudadana, ya que en último término se legitima en éstos, y ésta debe ser expresión fluida de los mismos, en ningún caso un corsé que los amordace.

En resumen, no me gustan los discursos identitarios porque como historiador he visto que, en casi todos los casos, son utilizados por unas élites para someter la voluntad de la mayoría y esconder tras ellos sus innumerables vicios, pero tampoco me gusta que me digan lo que tengo que hacer, me gusta que me convenzan.