jueves, 23 de febrero de 2017

¿POR QUÉ HAY QUE HACER LA HUELGA DEL 9 DE MARZO?

                                     
                                    Fuente: http://www.eldiario.es/sociedad/Baleares-marea-verde-gano-batalla_0_307269634.html. Data 23/02/2017.

El 9 de marzo del año 2017 la comunidad educativa en España, de nuevo, se lanza a las calles para intentar tumbar la peor ley educativa de nuestra historia, la LOMCE. Las razones objetivas de la convocatoria son obvias, no sólo estamos ante una ley educativa antidemocrática (los consejos escolares siguen sin tener una representación efectiva de la comunidad educativa) y que resta oportunidades al alumnado que más lo necesita (los programas PMARE no son finalistas y, por tanto, el alumnado está abocado al fracaso educativo en 4º de la ESO, de ahí su desmotivación en este programa), sino que además ya ha sido retocada por el propio PP al ver las incongruencias de la nueva estructura del sistema educativo. Al respecto, podemos destacar cómo los alumnos que escogían la vía de las enseñanzas aplicadas en 4º de la ESO ahora ya están habilitados para cursar el bachillerato, no tenía sentido dejar a la mitad del alumando sin esa opción. Lo mismo sucede con los alumnos que se presentan a la selectividad que ya no tendrán que examinarse de materias de 1º de Bachillerato que, en algunos casos, no tenían relación con lo cursado en 2º. Pese a estos tímidos avances es inconcebible cómo a día de hoy los alumnos y el profesorado que preparan la EBAU (Evaluación del Bachillerato para el Acceso a la Universidad) no sepan todavía cómo va a ser esta prueba, se han perdido seis meses de docencia y tan solo quedan tres.
Las razones anteriores justifican por sí solas una huelga de estudiantes y padres de alumnos, pero ¿qué pasa con el profesorado?, éste no concurrió a las anteriores convocatorias. Podía aducir que la huelga solo se establece en contra de una ley orgánica que afecta a la estructura del sistema educativo y que, por tanto, se dejan fuera sus condiciones sociolaborales. Pero esto no es del todo cierto, esta huelga también tiene que servir para dejar de normalizar los recortes que se produjeron con la excusa de la crisis económica. Nuestra jornada laboral sigue "extraordinariamente" incrementada en dos horas y media, las ratios también, los sueldos recortados, las oposiciones congeladas, etc. El Real Decreto 14/2012, de medidas urgentes de racionalización del gasto público en el ámbito educativo, sigue vigente, como la LOMCE. La economía crece, los beneficios empresariales aumentan en dos dígitos, el empleo "precario" se recupera, pero los recortes en servicios sociales básicos y fundamentales para nuestra ciudadanía ahí siguen.
Por tanto, razones objetivas para una huelga existen. Es cierto, que también tenemos que afrontar el desánimo de las huelgas de un día, como la del 22 de mayo de 2012 contra el Real Decreto 14/2012 o la del 9 de mayo de 2013 contra la entrada en vigor de la LOMCE. Estas huelgas no consiguieron su objetivo de frenar el rodillo educativo del PP, aunque la participación hubiese sido cercana al 100% era muy difícil modificar la voluntad de recortes de la UE y otros organismos internacionales que tenían, de facto, intervenida nuestra economía a través de la mayoría absoluta de los populares. El momento es diferente, la economía no está en riesgo de ser intervenida por los organismos internacionales y el PP perdió su mayoría absoluta. Esta huelga debería ser apoyada por todas las organizaciones de izquierdas, incluso por aquellas que consideran que su única labor es llegar a un pacto educativo con otras fuerzas políticas, independientemente del resultado del mismo. A pesar de llegar con el ánimo y las fuerzas desgastados este momento es mejor que los anteriores, ahora la presión social sobre nuestro sistema de representación político, al estar este en minoría, debería de ser más efectivo.
El último punto en contra de esta huelga radicaría en el método de contestación elegido. La presión contra el sistema político desde la calle se puede hacer de múltiples formas, aunque no podemos olvidar que las manifestaciones o concentraciones hacen menos daño al poder que una huelga, que se supone es un nivel de contestación más fuerte, ¿si el poder político no se siente amenzado por una huelga, por qué lo ha de hacer ante una manifestación pacífica? Evidentemente lo que hace falta es que, hagamos lo que hagamos, esto tenga continuidad en el tiempo hasta que haya una respuesta al diálogo "real" por parte del gobierno con la comunidad educativa. Las resistencias pacíficas a lo Gandhi, las concentraciones en plazas públicas como el 15-M o las huelgas educativas como las de 1988 fueron diferentes opciones de movilización social, caracterizadas por el éxito porque fueron sostenidas en el tiempo hasta que el poder cedió a sus justas reclamaciones. Es cierto que no podemos golpear y luego retirarnos, la acción tiene que estar sujeta a algún resultado. Además de que el colectivo que la propone la sienta como suya en su mayoría. 

miércoles, 9 de noviembre de 2016

¿POR QUÉ HA GANADO TRUMP?

Fuente:https://lynboyer.net/emotional-intelligence-3/donald-trumps-emotional-intelligence.html Data: 9/11/2016

La respuesta más fácil es recurrir a los bajos instintos del wasp, es decir, el hombre blanco, anglosajón y protestante que, en las últimas décadas, ha visto perder su hegemonía económica y política, en correlación a la misma pérdida de hegemonía de Estados Unidos como única superpotencia global. Esta respuesta sería demasiado fácil y no tendría en cuenta la imparable decadencia demográfica de este grupo de población. En la actualidad el conjunto de wasp (tanto hombres como mujeres) son el 72% de la población de Estados Unidos, el 12,6% son de raza negra y un 16,4% lo compondrían los llamados hispanos, de un total de 318 millones de habitantes. Por tanto, el mensaje racista y sexista de Trump iría dirigido a un 35% de la población, ya que habría que descontar a la mujer wasp. Es cierto que el candidato republicano ha obtenido votos en otros sectores de la población, lo mismo que Hillary obtendría votos de los hombres wasp, pero sería en este sector donde el discurso racista y sexista tendría, supuestamente, unos resultados electorales mayoritarios, al menos iría dirigido a este sector de la población. En contraposición, si juntamos el porcentaje de las minorías raciales y las mujeres blancas, en teoría, Hillary tendría que  haber tenido un resultado mayoritario en el 65% del electorado. Está claro que no por dirigirte a una mayoría consigues un buen resultado electoral.
La victoria de Trump, por tanto, está en otros sitios:
En primer lugar, habría que buscarla en las regiones del Rust Belt o cinturón del óxido (Illinois, Missouri, Ohio, Pensilvanya…). Los estados que van desde los Grandes Lagos hacia la costa este son los más castigados por una globalización económica que pone en riesgo sus puestos de trabajo, a través de la deslocalización industrial sufrida por las industrias tradicionales de esta región (acerías, fábricas de automóviles, astilleros…). Es cierto que Obama creó 9,5 millones de puestos de trabajo durante su mandato y alejó el fantasma del desempleo masivo en la Gran Recesión; también lanzó llamamientos a las formas de organización clásica de los trabajadores, llegando a decir que los sindicatos son los constructores de la clase media en Estados Unidos. Pero estos llamamientos se quedaron en eso y los demócratas no han conseguido sacudir el miedo a esta clase trabajadora sobre su futuro incierto, un peligro de pérdida de puestos de trabajo en las próximas décadas que no viene a través de la inmigración, sino de la robotización de los procesos industriales, un proceso este que es difícil de comprender y para el que no es fácil establecer una solución bajo los parámetros del capitalismo neoliberal que los demócratas siguen defendiendo como modelo regulatorio básico. A esto hay que sumar que el país sigue contando con 43 millones de personas pobres y que los buenos datos de creación de empleo no se han transformado en mejores salarios. Según el economista Tyler Cowen el 60% de los empleos perdidos durante la Gran Recesión eran de clase media y el 73% de los creados ahora no superan los 13,52$ la hora, es decir, para los parámetros americanos unos empleos que empobrecen a los trabajadores. El propio Obama señaló este tropiezo del llamado “sueño americano”, diciendo Hoy es más difícil para un niño nacido aquí escalar socialmente que para un niño en la mayoría de los países ricos como Canadá, Alemania y Francia[1]. Y esto sucede, especialmente, en la región del Rust Belt, cuyos estados clave han dado la presidencia a Trump, frente a Hillary.
En segundo y último lugar, Hillary no es ni Obama, ni Sanders. Hillary no ilusiona y está rodeada de casos de corrupción tras 20 años en la élite política de Estados Unidos. No sólo es la mujer que apoyó a Bill Clinton para mentir en el famoso caso de la becaria, ni la interrogada por el FBI en el caso de los correos; también es la salpicada por su asesora Minyon Moore que en diversas campañas (2008 y 2010) llevó cabo recaudaciones ilegales de fondos; la acusada por Wikileaks de beneficiarse de parte de los 100 millones de dólares que recaudó la fundación Bill Clinton Inn. A estos escándalos hay que sumar sus actuaciones cuestionables en Siria y otras partes del mundo como Secretaria de Estado, sus mentiras de cómo aterrizó en un Sarajevo lleno de francotiradores, etc. Estas actuaciones no sólo cuestionan su reputación y honestidad, la sitúan como la candidata que mejor ejemplificaba un sistema político alejado de los ciudadanos y sin capacidad para ilusionar, perfectamente identificado con una economía globalizada de élites que deja al margen a aquellos cuyo marco de acción social sigue siendo el estado–nación y que tienen una difícil inserción en los mercados globalizados, es decir, no sólo aquellos ciudadanos de baja formación, como etiqueta la prensa, que no son flexibles para los nuevos puestos de trabajo creados en Toronto, Qatar o Shangai, sino una mayoría de población que busca trabajos con los que sobrevivir en el estado que ha nacido y que piensa que su futuro o el de sus hijos va a ser muy precario. A esta mayoría de votantes, ¿qué arma les queda para mostrar su descontento? Votar a quien nadie se lo espera, a quien mejor representa la ruptura con el sistema que los ha dejado en la cuneta, posiblemente no porque crean que con Trump les vaya mejor, sino para que el establishment les tenga en cuenta en la siguiente elección.


[1]Fuente:http://www.bbc.com/mundo/noticias/2014/08/140819_economia_datos_estados_unidos_bd. Data: 9/11/2016.

domingo, 16 de octubre de 2016

TRAICIÓN A 137 AÑOS DE SOCIALISMO

Fuente: https://www.cuartopoder.es/laespumadeldia/2016/09/19/los-barones-del-psoe-sopesan-formar-una-gestora-para-sustituir-a-sanchez/20205. Data: 16/10/2016

El PSOE, como toda institución que tenga una vida prolongada, se ha mudado de piel en diferentes ocasiones, adaptándose a las nuevas circunstancias históricas. A finales del siglo XIX era un partido minoritario de obreros de guante blanco que intentaban difundir las ideas de Marx a través de nuestra geografía. Estos tardaron 31 años hasta conseguir su primer representante parlamentario, que no era otro que su propio fundador Pablo Iglesias. Pero el cambio fundamental de este partido se produjo por el crecimiento imparable de la UGT en el primer tercio del siglo XX. Durante la II República (1931 – 1939) el sindicato socialista rebasó el millón de afiliados y su secretario general, Largo Caballero, se convirtió en el líder del socialismo en España. El PSOE se había convertido en la correa de trasmisión política del sindicato en el Parlamento, es decir, un partido que representaba los intereses de la clase obrera organizada. Esta seña de identidad se oscureció durante la dictadura de Franco, ya que el PSOE sobrevivía a duras penas en el exilio y su representación en el interior era mínima. Sin embargo, durante la Transición recuperó la posición hegemónica de la izquierda española, aunque el sentido de sus políticas fuera diferente a las de los años treinta del siglo XX. El PSOE, con Felipe González y Alfonso Guerra a la cabeza, representaba una apuesta por la modernización y el progreso en España. Esto suponía liberarse de la tutela del sindicato, reconvertir la industria del país e ingresar en la CEE. El PSOE dejó de ser un partido obrero y pasó a ser un partido progresista, era capaz de flexibilizar el mercado laboral y, al mismo tiempo, universalizar la educación y la sanidad. En resumen, un partido que creó ciertos derechos sociales a cambio de que España, a través de la CEE, se incorporase a un mercado globalizado, sin apenas protección para la mayoría de los trabajadores. Esta contradicción, sin embargo, no dejó de darle réditos electorales hasta las elecciones de 2011.
Desde entonces el PSOE pierde identidad y votos en cada nueva decisión que toma. Zapatero no supo explicar la crisis a los españoles, ni dar un salida si quiera progresista a la misma, Rubalcaba además de mantener los errores heredados representaba una clase política que había tenido éxito en el pasado, no en el presente y, por tanto, no encajaba con la nueva generación de votantes. Además en el horizonte aparecían nuevos problemas, un nuevo partido político, Podemos, que abría la expectativa a la izquierda del PSOE de un partido con opciones de gobierno, perdiendo los socialistas dicho monopolio en el imaginario colectivo de los votantes. El otro problema fue una UE que optó por políticas regresivas para salir de la crisis y que la socialdemocracia, al ser cocreadora de esta UE “austericida”, optó por defender. Esta doble tensión llegará a su “climax” en el Comité Federal del PSOE del 2 de octubre. En dicho Comité hemos visto un PSOE que, cada día que pasa, se parece más al PP, porque han ganado aquellos que temen el referéndum en Cataluña y se niegan a dialogar y reconocer una realidad diferente al centralismo español. También han ganado los que prefieren mantener el estatus quo con ciertos retoques cosméticos, es decir, mantener las políticas de la UE para salir a la crisis, lo que nos ha llevado a que ya haya en nuestro país cerca de un millón de trabajadores con un sueldo inferior a 300 euros al mes. Pero además hemos visto un PSOE controlado por el grupo PRISA y más preocupado por el crecimiento de Podemos que por llevar a cabo políticas de “progreso”. Un PSOE, al fin y al cabo, que prefiere mantener los interese de las élites económicas del país a consultar a sus militantes.

Felipe González y Susana Díaz han creado un PSOE que ya no es ni siquiera progresista, al que es muy difícil diferenciarlo del PP en su práctica diaria, del que han desdibujado por completo sus diferentes identidades, hasta el punto de que nadie es capaz de trazar un relato coherente entre este PSOE y el del pasado, incluso el más inmediato. La última semana de octubre culminará la peor de las traiciones, la que uno se hace a sí mismo, y el PSOE, por tanto, dejará de ser un partido útil para la ciudadanía porque si este es lo mismo que el PP, ¿qué necesidad tiene un ciudadano de hacer uso de su representación? En la izquierda está Podemos, en el centro Ciudadanos, en la derecha PP, por tanto, ¿dónde está el PSOE? Seguramente con quien vote en el Congreso. 

miércoles, 7 de septiembre de 2016

DEMOCRACIA Y VOLUNTAD POPULAR

Fuente: http://www.eldiario.es/norte/cantabria/primerapagina/Europa-ovejas-blancas_6_487911244.html Data: 7/9/2016

Desde que en el año 1762 Jean-Jacques Rousseau publicase su magistral El Contrato Social, hemos vinculado la democracia y el principio de la soberanía nacional como conceptos idénticos, cuando esto no es del todo cierto. La democracia es algo más que la expresión de la voluntad popular, es Rousseau, pero también Montesquieu y Voltaire, es decir, un equilibrio de poderes y un espacio de libertad y convivencia. Pese a citar a los grandes autores de la Ilustración no reivindico la democracia liberal del siglo XIX que tuvo su síntesis en la obra de Condorcet, sino que me opongo precisamente a sus bastardos contemporáneos, aquellos que engendra el neoliberalismo postmoderno de principios del siglo XXI, al desarrollar hasta el paroxismo una conciencia individual que se proyecta en el conjunto de la sociedad. Esto ha llevado a que una parte de la ciudadanía vea los referéndums como la mejor forma de representar, en democracia, a los individuos. No porque pensemos que este instrumento recoja una voluntad social a la que debamos someternos, sino porque extrapolamos nuestra conciencia a lo colectivo y creamos un superyó en el que nos sentimos representados sin intermediaros, lo cual es una experiencia psicológica liberadora. Como he subrayado al inicio de este capítulo la democracia no sólo debe recoger la aspiraciones de los individuos que forman una nación, ya que esto tiene riesgos para sus libertades fundamentales. Los ejemplos son múltiples, no sólo en la historia, sino también en la actualidad.
En la historia todos conocemos el ejemplo de la II República francesa (1848). Tras la victoria del pueblo de París en la Revolución de 1848 esta decretó el sufragio universal masculino, fijó por primera vez en la historia de Francia un límite en la jornada laboral (10 – 11 horas diarias) y estableció el derecho del trabajo para todos los ciudadanos. Es decir, llevó a cabo un avance sin precedentes, desde la Convención (1792 – 1795), de los derechos políticos y sociales en la Francia postnapoleónica. Pero un referéndum le dio el poder a Napoleón III, debido a su parentesco con Napoleón Bonaparte, del que era sobrino y su apellido, por tanto, era muy popular en la Francia rural. Napoleón consiguió 5,5 millones de votos frente Louis-Eugéne Cavaignac que sólo consiguió 1,9 millones. El resultado es que todo el programa revolucionario se vino abajo, así como las aspiraciones de aquellos que fundaron la II República, la izquierda intentó el golpe fallido de 1851 y los conservadores crearon el II Imperio, de nuevo, mediante otro referéndum que esta vez acabó con la democracia.
En la actualidad también tenemos ejemplos similares. El famoso Brexit del Reino Unidos es un ejemplo donde se ve la volubilidad de estos instrumentos políticos. Después de celebrarse el referéndum el 23 de junio de 2016, la sorpresa del país fue mayúscula, incluso para aquellos que proponían la salida, la opción que finalmente se alzó con la victoria. ¿Cómo es posible que importantes miembros del partido conservador como Boris Johnson no tengan un plan para el Reino Unido después del Brexit? ¿Acaso son los referéndums una plataforma de políticos populistas que se amparan en informaciones falsas para excitar a un electorado hostil ante la realidad que vive? ¿Cómo es posible que Nigel Farage dijese que había mentido cuando dijo a los ingleses que éstos se iban a ahorrar 350 millones de libras semanales con la salida de la UE y que el dinero iría destinado a educación y sanidad?[1] Ahora son los ingleses los que quieren retrasar lo máximo posible la salida de la UE y, lo más triste, contra lo que votaron la mayoría de los ingleses, una UE símbolo de la globalización financiera que deja en la cuneta a las clases bajas y medias de la Inglaterra que no se ve beneficiada por la City, seguro que se salva a través de acuerdos bilaterales en una trastienda que está muy alejada del debate político. Así que el referéndum vuelve a tener un efecto contrario al deseado, un libre mercado con un control político todavía más débil.
Pero el ejemplo que me parece más devastador no es aquel que nos habla de una herramienta política voluble y coyuntural, sino aquel que puede recortar derechos y libertades. Esto es lo que está proponiendo el partido de extrema derecha Partido Popular de Suiza (SVP). Este en la actualidad se encuentra desarrollando la campaña “Ley Suiza, no jueces extranjeros”, ya que muchas leyes racistas que se aprobaron por referéndum no se han llegado a aprobar por la intervención del Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo, pero ahora la extrema derecha suiza quiere que la legislación nacional esté por encima de la justicia internacional. ¿Cuál es su legitimidad? El voto popular.
La democracia es un proceso complejo, una lucha de equilibrios y poderes que no dejan de ser también un instrumento para mejorar la convivencia de una comunidad de seres humanos que deciden transformarse en entidad política. Además, esta no deja de ser una categoría histórica que dentro de unos siglos veremos superada por otro instrumento que mejore nuestra convivencia. Por todas estas razones no podemos confiar en que la mejora de nuestra sociedad se produzca por una proyección de nuestra razón hacia el resto de la comunidad política a la que pertenecemos sólo a través de los referéndums. Quizá por esta razón nuestros sistemas políticos no acaban de salir del diván de Freud.




[1]¡http://www.eldiario.es/theguardian/final-Brexit-permanecer-Union-Europea_13_529627033_6802.html Data: 6/9/2016

lunes, 22 de agosto de 2016

LA HISTORIA DEL BIKINI Y DEL BURKINI

Fuente: https://elventano.es/2016/08/bikini-burkini-y-teta-de-facebook.html Data: 22/08/2016

Pedro Zaragoza Orts, alcalde de Benidorm, se hizo famoso en España porque a principios de 1950 viajó en vespa, durante ocho horas, hasta el El Pardo, para que Franco permitiese bañarse en bikini a las extranjeras en las playas donde ejercía como regidor. Este aventurero alcalde falangista situó su ideología y la del régimen por debajo de la entrada de divisas que, gracias a la futura llegada de turistas y a su novedoso plan urbanístico de 1951, se antojaba masiva. También se enfrentó a la excomunión del arzobispo de Valencia, Marcelino Olaechea, y apostó por no volver a vivir situaciones como la multa de 40.000 pesetas que una extranjera había recibido en España por parte de la Guardia Civil. Este cambiaría la imagen de las playas del Mediterráneo que, desde entonces, acogerían el turismo chárter llegado del norte de Europa en busca del famoso sol y playa. Esta anécdota puso de manifiesto que frente a la propaganda oficial de Spain is different, el país se tuvo que ir acomodando a los usos y costumbres del entorno europeo. Aunque este cambio se realizaría, no podía ser de otro modo bajo una dictadura, mediante un proceso “controlado”, en una España que se encontraba cerrada a cal y canto por el nacionalcatolicismo triunfante que había salido de la Guerra Civil (1936 – 1939) y que había encerrado a las mujeres españolas en la jaula mental y cultural de la Castilla de Isabel la Católica.
Una situación similar viven las mujeres del mundo islámico que viven en Occidente en la actualidad, encerradas en los preceptos de una religión para la que la condición femenina está martirizada por considerarse como algo pecaminoso, al tiempo que se encuentran rodeadas por los espacios de libertad que las mujeres occidentales han conquistado desde la Posguerra y donde la exhibición del cuerpo femenino ha dejado de tener, afortunadamente, connotaciones negativas.
La situación anterior ha derivado en un polémico conflicto en las playas francesas, donde algunos ayuntamientos, como los de Cannes y Villeneuve-Loubet, han optado por prohibir el burkini; más recientemente el ayuntamiento corso de Sisco ha seguido el mismo camino, tras altercados entre la comunidad musulmana y nacionalista que se han saldado con cinco heridos. En Bélgica el estado está considerando la prohibición en todo el país e, incluso en España, en tres parques acuáticos de Girona se ha prohibido por “motivos de seguridad”.
Personalmente no me gustaría que ninguna mujer, por motivos religiosos o de otra índole, se viera obligada a llevar puesta esta prenda. Pero también estoy de acuerdo con el grupo Red Musulmanas, un colectivo de mujeres que trabajan por la difusión del feminismo islámico, que denuncia lo tendencioso del término “burkini”, que nos lleva a una rápida correlación mental entre un bañador, un burka y los talibanes.
La diferencia con el pasado, con el proceso de liberalización en las costumbres que vivimos en España en el tardofranquismo y que legitimó el bikini como un espacio de libertad para la mujer, es que se partía de la prohibición del Estado franquista y las instituciones religiosas a otro donde la mujer, el individuo, en resumen, es el que tiene que elegir entre ponerse un bañador de dos piezas u otro de una pieza, que cubre más la piel de la mujer, sin prohibir con la democracia el segundo. Si queremos convencer a la comunidad islámica de que la mujer tiene todo el derecho del mundo a bañarse libremente, con las prendas que considere, no podemos nosotros prohibirle el uso de una forma determinada de baño que, al fin y al cabo, a nosotros ¿a qué nos obliga?

El espacio público debe ser un espacio compartido de usos y costumbres libremente elegido por los miembros que participan de este, sin ningún tipo de coacción ni coerción, siempre y cuando su uso no implique a terceras personas. 

jueves, 18 de agosto de 2016

¿HACIA UNAS TERCERAS ELECCIONES?

Fuente: SCY – pixabay, Creative Commons.

Está claro que, una vez que se inicia una legislatura parlamentaria se abre el camino hacia unas nuevas elecciones. El nuevo ciclo parlamentario por muy extendido que sea este tendrá una duración máxima de cuatro años; aunque, desde las elecciones del 20 de diciembre de 2015, el temor de la ciudadanía a que no se forme gobierno y vuelva a ser llamada a repetir el ritual del voto dominguero es un temor nada desdeñable que nos sitúa, de nuevo, ante las urnas en Navidades.
De todas formas, aunque el PP consiga, como parece, una coalición estable con Ciudadanos y la abstención del PSOE, esto le daría una minoría parlamentaria de 169 diputados, cuando la mayoría absoluta se sitúa en 176. Esta realidad matemática hace improbable que dicho gobierno aguante un proceso de ralentización, más o menos suave, del crecimiento económico y otra ronda de recortes de 20.000 millones de euros que nos imponga Bruselas  a cambio de no pagar la multa por el exceso de déficit y prorrogar otros dos años su cumplimiento.
El panorama anterior, la posibilidad inminente de un nuevo combate electoral, debería  resituar a la izquierda española en una coyuntura electoralista, ya que si no tenemos elecciones en Navidades, las tendremos, como mucho, a lo largo de 2017 o 2018. Es decir, que nos tenemos que preparar para una legislatura corta.
La estrategia del PP ya la conocemos: la resistencia y el miedo, situarse como el faro de la derecha mundial y mostrarse como la única alternativa frente a la marea podemita inspirada en la Venezuela de Chaves. La de Cs también: una minoría necesaria, sea cual sea la opción mayoritaria de los españoles, ésta necesitará de sus diputados para alcanzar el gobierno y, por tanto, siempre serán unos socios fiables gane quien gane o, como diría Groucho Marx, estos son mis principios; si no le gustan, tengo otros.
El problema, por tanto, lo tenemos en la izquierda, donde el PSOE tendrá que definirse alguna vez, hacia la derecha o hacia la izquierda. En ambos casos perderá votos, esperemos que con su decisión no pierda también su identidad histórica. Es imposible mantener una situación de indefinición ideológica por un período de tiempo más largo porque, entonces, correrá también el riesgo de convertirse en un partido irrelevante de la política española, al ser este incapaz de tomar decisiones. El asentamiento de una nueva clase dirigente que acabe con las deudas del pasado, y con ello no me refiero a Pedro Sánchez, se antoja fundamental en dicho proceso. Por último UP cuya estrategia electoralista llegó a su máximo paroxismo en las elecciones del 26 de junio de 2016 en la alianza electoral Izquierda Unida y Podemos, única novedad en las elecciones de junio y, por tanto, la que más expectativas de crecimiento electoral generaba, aunque esta como en la fábula de Esopo se convirtió en el parto de los montes y, por tanto, en la primera decepción electoral del partido morado. No sólo supuso una decepción sino que parece haberlo situado en la desorientación, ya que todos sus militantes se preguntan si ahora es posible asentar dicho proyecto político sin la necesidad de las artes de prestidigitador de Pablo Iglesias.

Esperemos que lo anterior se solucione, si no volveremos a sorprendernos con un crecimiento no merecido del PP y este acercará ya a la derecha a la mayoría absoluta. 

sábado, 9 de julio de 2016

UN MUNDO FELIZ: UNA LECTURA ACTUAL


Aldous Huxley escribió su novela más emblemática, Un mundo feliz, en el año 1932; con ella intentaba describir los convulsos acontecimientos que estaba protagonizando la sociedad de Entreguerras. En esta se produjo el ascenso de la sociedad de masas a golpe de producción en cadena, siendo sus principales engendros políticos las dictaduras totalitarias de Hitler y Stalin; aunque, como toda buena novela moderna, esta trasciende la época en que fue escrita y está llena de referencias a categorías universales, planteando una lucha nada optimista entre la libertad del individuo y la sociedad en la que vive, sus leyes, su escala de valores, sus costumbres, sus modas, etc. Esta sociedad en Huxley se convierte en el perfecto gineceo que impide que se desarrolle el individuo y, por tanto, la libertad.
A lo largo de esta dictadura distópica, curiosamente, el autor parece justificar, mediante la guerra o la revolución la necesidad del control social o, al menos, dar causa al origen del mismo. El autor tenía en la retina el recuerdo de la I Guerra Mundial (1914 – 1918) y en su novela, la Guerra de los Nueve Años justifica el desarrollo de un sistema de control a partir de la tecnología: selección mediante ADN, condicionamiento clásico o pavloviano desde el nacimiento, inducción constante de sesiones de hipnopedia y, para los episodios coyunturales de pérdida de “felicidad” pasajera, un chute de soma. Este control social se extiende a toda clase de sentimientos y, así, se toman todas las precauciones para que las relaciones sean lo más superficiales posibles, para que, de este modo, nadie se implique emocionalmente. En resumen, como en el propio libro describe el autor, se ha desarrollado un cristianismo sin lágrimas. Este control de los individuos también sirve para establecer una perfecta jerarquía de la sociedad. La población, desde el nacimiento, se encuadra en Alfas, Betas, Gammas, Deltas y Epsilon, según sus capacidades, ya que de otro modo estos se hubieran autodestruido luchando por los mejores puestos de la sociedad, como demostró uno de los experimentos en que se eliminaron las jerarquías sociales y la revolución acabó con la mitad de la población.
La conclusión final a la que nos aboca la lectura es que el autor nos ha situado ante una dictadura de carácter estructural, donde el máximo dirigente que aparece en la novela, Mustafá Mond, parece una pieza más del engranaje que ha sido situado allí por sus aptitudes y que, al igual que él sustituyó a otro consejero, este también será sustituido. Pese a su consciencia de la distopia de la que forma parte y del acceso a conocimientos diferenciados respecto del resto de la población, este no hará nada que ponga en riesgo la sociedad “perfecta” que ideó Huxley, más bien todo lo contrario. En resumen, el verdadero filo ejecutor de los individuos que forman esta sociedad son el desarrollo y la tecnología, unos entes abstractos que han situado como fines absolutos la felicidad y la estabilidad, frente a la verdad y la belleza, algo vetado a la mayoría de la población.
Frente a la abrumadora realidad anterior se alzan, en Islandia, como una resilencia del pasado, los salvajes, aquellos que viven condicionados por sus sentimientos: sufren, sienten dolor, lloran, padecen y, del mismo modo, también conocen la alegría, la felicidad y la satisfacción. A través de un viaje a esta isla que llevan a cabo Bernard y Lenina, dos miembros un tanto inconformistas de la distopía, Huxley establece una ruptura literaria con algunas de las convenciones más arraigadas de la cultura occidental, situando en un ambiente salvaje y de “rechazo” por la parte más civilizada de la sociedad convenciones tales como la vejez o la maternidad, aspectos que en la tecnocracia de Huxley habían sido desterrados y que sus habitantes las descubrían con asombro, comicidad e, incluso, horror. La ruptura de las normas sociales llega a tal extremo que la familia es perfectamente identificada como una mera convención social. También será en esta isla donde aparezca el auténtico protagonista de la novela, John, que, como no podía ser de otro modo, se nos presenta como un auténtico inadaptado social, un espíritu libre que nada entre dos mundos y que vive el rechazo de ambos.  

En resumen, una novela recomendada para aquellos que sientan la amenaza de la biotecnología, la robótica y la Inteligencia Artificial, nuevos campos que ha desarrollado la ciencia y que amenazan el mundo que conocemos, aunque de nuestra “libertad” en el uso y abuso de dichas tecnologías siga dependiendo el futuro que ahora estamos construyendo.