Fuente: Wikipedia en Wikipedia Commons, consultado el 3 de noviembre de 2026.
La
política exterior, geopolítica o configuración del orden internacional, sería
relevante en las elecciones de medio mandato, el 4 de noviembre de 2026, si
votásemos el mundo entero. Algo quizá deseable, porque ningún rincón del
planeta se puede mantener al margen de la intervención directa o indirecta de
los Estados Unidos, pero eso, sin duda, sería una utopía o distopía, según el
punto de vista. Lo que es seguro es que los estadounidenses votan, sobre todo,
en base a lo que les afecta más directamente, la política interna. Y en esta,
Donald Trump, ha destacado por dos hechos que, además, había prometido, la
reducción de impuestos y la política migratoria.
La
primera tuvo su acto legislativo central en la aprobación del One Big Beautiful
Bill Act, aprobado en julio de 2025. Dicha ley, se estima que, entre 2025 y
2034, reducirá la capacidad recaudatoria del Estado federal en 4,5 billones de
dólares, lo que supondrá un incremento del déficit público en 2,7 billones de
dólares[1]. La mayor rebaja fiscal de la
historia de Estados Unidos que beneficia, fundamentalmente, a las rentas más
altas. En relación con esta política de reducción de impuestos se sumará su “novedosa”
política arancelaria, que nos retrotrae al siglo XIX o al período de
Entreguerras, justo antes de la Gran Depresión. Dicha política generará nuevos
ingresos, alternativos a la reducción fiscal anterior, aunque obviamente no
compensará, ni por asomo, la rebaja anterior. Se estima que esta vieja-nueva
política ha aumentado los ingresos en solo 195.000 millones de dólares anuales.
Sus seguidores dirán que también se entiende como una medida económica que
mejorará la producción industrial de Estados Unidos. Ni lo uno ni lo otro
parece que se esté cumpliendo, al margen de elevar suavemente la inflación del
país y golpear con ello a las rentas más bajas.
Unas
rentas bajas que, para compensar el incremento del déficit público, también fueron
golpeadas por la caída de gastos del Estado federal[2]. En primer lugar, dejó fuera del
seguro sanitario (Medicaid) a 11 millones de personas. También recortó los
incentivos a las energías limpias, programas sociales relacionados con la
asistencia a hogares de bajos ingresos y, por último, la reducción de gastos
federales afectó al Departamento de Educación.
Estas
medidas está previsto que supondrán una reducción del gasto público de un
billón de dólares; por tanto, aumentará la pobreza del país y, según los
números anteriores, el déficit público seguirá creciendo. A largo plazo,
empobrecerá más al país y hará más difícil su desarrollo económico, por el peso
de una deuda que crecerá hasta asfixiar la economía. Esto es lo que pasa cuando
el Estado está controlado por oligarquías económicas que confunden su propio
beneficio con el del país; lo malo es que parece que, a veces, también lo confunden
los votantes.
Como ya
advertimos, el segundo aspecto más relevante de la política interna de Trump ha
sido la migratoria, que atenta directamente contra los derechos humanos. Esta
se ha llevado a cabo fundamentalmente a través del ICE (Servicio de Inmigración
y Control de Aduanas) creado en 2003, a raíz de los atentados del 11 de
septiembre. Son infinitas las informaciones de prensa en las que se denuncia la
detención de emigrantes en Estados Unidos de modo indiscriminado, de forma
brutal, en malas condiciones higiénicas, sin acceso a asistencia legal,
aislados y retenidos por la fuerza en centros de detención; padres e hijos
separados durante el proceso de deportación, detención de menores; incluso
hemos presenciado la muerte de algunos detenidos por falta de asistencia
médica. Según Human Rights Watch, 32 personas han muerto bajo la custodia del
ICE, 14 de ellas en lo que va de año[3].
En
resumen, estamos asistiendo a un proceso similar al que sufrieron los judíos en
Alemania en los años 30 o los palestinos en el actual estado de Israel, la
deshumanización de un grupo humano, de un colectivo social, ante los ojos de
los demás. Lo cual, permite que se pueda llevar a cabo cualquier vulneración de
sus derechos, porque no son como nosotros. Nosotros sí somos ciudadanos con
derechos, fruto del nacimiento en nuestro país, ellos no, son emigrantes y
parece ser que, a ojos de la administración Trump y de parte de la sociedad
occidental, han perdido su condición humana, lo que permite tratar con
brutalidad a niños, personas enfermas y minimizar la muerte de 32 personas. A
las que se pueden sumar la de aquellos que se enfrentaron a las fuerzas del
ICE, como Renee Nicole Gold o Alex Jeffrey Pretti, que murieron a manos de
agentes federales de Estados Unidos en Minneapolis en enero de 2026.
No
mencionamos aquí los heridos y otro tipo de tragedias personales que están
provocando unos agentes federales que se supone fueron creados para proteger a
personas, no para humillarlas, vejarlas e incluso matarlas. Trump no solo está
vaciando fiscalmente el Estado federal, sino que también está llevando a cabo
una reforma más peligrosa, está vaciando de contenido a la administración, que está
perdiendo sus funciones originales. En un país que, curiosamente, ha crecido
históricamente y se ha hecho “grande” gracias a los procesos migratorios. En
1776, el año de la Declaración de Independencia, se estima que la población
originaria de las 13 colonias era de 2,5 millones de personas, a finales del
siglo XIX era 98 millones, gracias a la emigración, sobre todo, de origen
europeo. En la actualidad, Estados Unidos tiene unos 340 millones de
habitantes, gracias, en parte, a los flujos migratorios que han llegado y
llegan de América Latina y que son un núcleo fundamental de su clase
trabajadora.
Las
políticas anteriores deberían ser suficientes para descabalgar a cualquier
líder político. Pero lo que sin duda creo que dañará más las opciones
republicanas este martes será el aumento sostenido de los precios, fruto del seguidismo
que Trump ha llevado a cabo con Netanyahu en Oriente Medio y que ha dado lugar
a una intervención militar en Irán más caótica y prolongada de lo que él mismo
esperaba. Al final, como dijo Bill Clinton, en la campaña electoral de 1992:
“It’s the economy, stupid”.
[2]https://www.rtve.es/noticias/20250703/camara-representantes-eeuu-aprueba-plan-fiscal-trump-diferencia-minima-dos-votos/16650843.shtml
Data: 12/07/2026.
[3] https://www.hrw.org/news/2026/04/09/another-disturbing-surprise-from-ice
Data: 12/07/2026.
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