lunes, 7 de marzo de 2011

ESPAÑA Y LA CRISIS: "DÍAS DE VINO Y ROSAS"


La parálisis de la sociedad española y, por extensión, de la europea se ha puesto de manifiesto en las últimas semanas con más crudeza que nunca. Si en el Magreb los acontecimientos destilan futuro, juventud, libertad… etc., en España el debate público destila alcanfor, pantuflas y música disco. ¿Cómo es posible que con la que está cayendo …

1. … nadie cuestione al Gobernador del Banco de España, que falló a la hora de regular el sistema financiero y situó su mirada sobre el agujero inmobiliario de las cajas de ahorro y los bancos españoles cuando ya todos estamos al tanto del problema? ¿Cómo es posible que un simple trabajador sea más responsable en sus actividades profesionales que un hombre que gana 275.000 euros anuales? Esto es extensible a todo el mundo empresarial y financiero de este país y el mundo occidental.

2. … estén cuestionando los servicios sociales básicos que son lo único que funciona en el mundo Occidental? Parece que cuando el sistema financiero quiebra se vacía de ingresos a aquellos servicios que cohesionan las sociedades y dan seguridad a los individuos para que caminen seguros hacia el futuro. ¿Por qué ningún político se atreve a decir a la gente que sus ingresos no volverán a crecer un 20% anual con la construcción y sin hacer absolutamente nada? ¿Por qué nadie se atreve a regular un sistema financiero que ha generado un déficit público brutal y que lo volverá a generar en un futuro próximo? Doy dos datos para la reflexión y para meternos debajo de la cama: las cuentas de resultados del Ibex 35 han aumentado un 30%, pero en realidad sólo ha sido para que Ignacio Sánchez Galán, entre otros, se lleven un bonus de 1,6 millones de euros anuales, al margen de sus salarios, por la buena gestión de los resultados. El gobernador del Banco de Inglaterra ha alertado de que éstas son las mismas actuaciones que nos llevaron la crisis de 2007 y que la City está a punto de ver estallar otra crisis financiera.

3. … nadie vea cómo nuestro modelo económico es insostenible en el corto plazo? Cualquier alteración política o, incluso, un proceso de recuperación económica llevará implícito un aumento de los precios del petróleo, tensiones inflacionistas y subida de los tipos de interés. La revolución libia ha llevado el petróleo a los 115 dólares por barril, esto supone restar un punto al crecimiento del PIB; a su vez hará que a finales de 2011 no se cree empleo neto como pensaba el gobierno y que las tensiones sobre la deuda española se incrementen, en resumen, la salida de la recesión se alargará otro semestre o dos y el número de parados puede que supere los 4,5 millones.

Teniendo en cuenta todo lo anterior, junto a una reforma de las pensiones que nos resta derechos básicos y una reforma laboral que ha liberalizado nuestra contratación y que muestra que el proceso de liberalización de los contratos de trabajo es un camino erróneo, ya que aumenta la precariedad y no reduce el paro… La pregunta que me angustia más es: ¿Cómo es posible que la única preocupación de esta sociedad sean los 110 km por hora o la ley antitabaco? Porque en el fondo son dos auténticas memeces, perdón la expresión… ¿Es realmente importante ir por autovía a 120 o 110 kilómetros por hora, cuando está en juego nuestro futuro como sociedad? ¿Alguien me lo puede explicar?

domingo, 6 de marzo de 2011

LAS REVOLUCIONES DEL MAGREB


Decía el marxismo clásico que las revoluciones llegaban fruto de una modificación en las condiciones económicas de la sociedad. Unas condiciones que daban lugar a una nueva clase social que desplazaba a la que estaba en el poder. A partir del marxismo se han ido construyendo a lo largo de la historia diferentes teorías sobre el cambio social, algo que ha obsesionado la mirada del ser humano. ¿Cómo es posible que se produzcan, sin apenas sospecharlo, cambios políticos tan bruscos?

El mundo occidental entró en un constante proceso de cambio político desde la Revolución Francesa y parecía que, tras la caída del Muro de Berlín en 1989 y el posterior hundimiento de la Unión Soviética, se había dejado atrás el encanto de la “revolución”. Autores como Francis Fukuyama llegaron, incluso, a pronosticar el “fin de la historia”. Esta teoría no sólo legitimaba la democracia y el libre mercado como los únicos instrumentos de gestión pública y privada óptimos dentro de una sociedad, sino que también legitimaba a Occidente, dentro de la ideología neoconservadora, como civilización superior que tenía la misión “providencial” de sacar del atraso y el fanatismo al resto de civilizaciones. Esto justificó, entre otras, la política de Bush en Oriente Medio. Nosotros éramos la guía que llevaría al mundo árabe hacia la democracia y la libertad.

Los acontecimientos de estos días, la extensión del modelo de la Revolución de los Jazmines a Egipto, Bahrein, Libia… y, esperemos, un largo etcétera, pone de manifiesto la equivocación del modelo anterior. Occidente no sólo no ha llevado la democracia a estos países, sino que, como siempre ha demostrado la historia, ésta es una conquista que se consigue mediante la autoconciencia, organización y lucha de las sociedades. La democracia no se regala, sino que se conquista. Estos hechos también ponen de manifiesto la fragilidad de dicho modelo, ya que todavía no estamos seguros del desenlace de estas protestas: nuevos regímenes dictatoriales con nuevos militares, regímenes islamistas, etc. El único “pero” que yo pondría a estas revoluciones son los extensos gobiernos de transición, controlados por militares, que en el caso de Túnez y Egipto durarán cerca de un año y pueden “trastocar” la voluntad de cambio que emana de las calles tomadas por la multitud. Lo que también pone de manifiesto es que la historia sigue abierta, que las sociedades conocen múltiples caminos para autorganizarse, aunque unos sean mejores que otros, y que, en todo caso, cualquier intervención exterior sólo tiene desventajas. Por cierto, los acontecimientos aquí descritos están tan alejados de la realidad europea que, más bien, parecemos un viejo museo de historia, ya que los vientos de ésta parece que soplan en otros rincones del planeta, más jóvenes y menos atenazados por su pasado.

martes, 4 de enero de 2011

CURSO POLÍTICO 2011


Este año que dejamos ha sido el de la pérdida de la inocencia para toda una generación de españoles, del PSOE y, sobre todo, de su presidente José Luis Rodríguez Zapatero. Un año que creo ninguno de los tres olvidará.

Para los españoles ha sido el final “real” del sueño del ladrillo. Es cierto que la crisis comenzó en el año 2007, pero ésta fue una crisis financiera y empresarial que ha tardado en filtrarse al conjunto de la sociedad, ya que el crecimiento económico de los años anteriores nos ha permitido amortiguar la mayor crisis económica de la historia de nuestro país en términos de decrecimiento del PIB y destrucción de puestos de trabajo.

Pero, poco a poco, la crisis del sector inmobiliario y el final del “boom” de la construcción inició un proceso de destrucción de empleo que, a lo largo de dos años y medio, ha dejado la tasa del desempleo en España en torno al 20%. Esta fría estadística se cifra en la tragedia diaria de cinco millones de personas que se encuentran marginadas, en una sociedad que sigue situando al contrato de trabajo como principal vehículo de integración social. A lo largo de los años anteriores todavía existía cierta esperanza de que esta situación fuese algo temporal, la crisis financiera era algo coyuntural, la industria podía ocupar rápidamente el lugar que ocupaba el ladrillo o, incluso, todavía hoy hay gente que piensa que el millón de pisos en stock se pueden evaporar y el ladrillo podría volver a ser el principal sector de inversión y crecimiento económico de este país. Por lo tanto, en la ciudadanía se ha instalado la sensación de que esta crisis ha venido para quedarse entre nosotros y ya sabemos todos los tópicos sobre las crisis económicas: el miedo sólo alimenta al miedo, el crecimiento de la economía se basa en un estado de confianza, sólo hay que tenerle miedo al miedo… Por cierto, la última frase la dictó F. D. Roosvelt en una conferencia radiofónica durante los años centrales de la Gran Depresión.

A esta situación de desesperanza se suma la del PSOE; todavía recuerdo las palabras que resuenan en mi cabeza de un eximio catedrático de historia de la Universidad de Salamanca: las políticas progresistas en este país han pasado, pasan y pasarán por el Partido Socialista Obrero Español. Ésta no es la primera crisis económica que ha afrontado el PSOE, de hecho, durante la II República afrontó la Gran Depresión, aunque en España, como era un país atrasado, agrario y poco internacionalizado en sus mercados, ésta pasó rozando nuestras estructuras sociales y económicas que ya bastante dañadas estaban sin necesidad de ayudas exteriores. De nuevo, cuando llegó al poder en 1982 tuvo que afrontar la salida de la crisis del petróleo de 1973, que en nuestro país se había retrasado por las necesidades del momento, una transición política desde la dictadura de Franco hasta la democracia que hizo que nuestras elites políticas narcotizaran las consecuencias sociales de la crisis y no se tomaran medidas necesarias a su tiempo, pese al esfuerzo moderador que fueron los Pactos de La Moncloa. Éste consiguió moderar nuestras altas tasas de inflación, que se había situado cercana al 25%, al tiempo que modernizó nuestro sistema fiscal, destacando la creación del IRPF que, por primera vez en nuestra historia, introducía cierta progresividad y equidad en la recaudación de impuestos. Aún así la modernización de nuestro sistema industrial la tuvo que llevar a cabo el PSOE y de la crisis se salió en 1985. Pero éste tenía mayoría absoluta, lo que le permitió afrontar una modernización de nuestro aparato productivo sobre unas industrias que se consideraban obsoletas y poco eficientes. Unas industrias que habían sufrido más que ninguna el incremento del precio del petróleo y que, en su mayoría, habían sido nacionalizadas (siempre haciendo públicas las pérdidas privadas) durante los últimos gobiernos del franquismo y de Adolfo Suárez. Pero ahora al PSOE le tocaba echar el cierre, despedir a miles de trabajadores y hacerlo, además, en los sectores donde los sindicatos (gran parte de su apoyo social) eran más fuertes: siderurgia, industria naval, extracción de minerales… Lo hizo con huelgas, un gran coste social, la ruptura con el mundo sindical y cierta pérdida electoral… Pero siguió gobernando, recogió los frutos de sus medidas, algo que recordaron las generaciones futuras, y además creó un legado social: prejubiló a los trabajadores reconvertidos, creó regímenes de inversión especiales para las regiones desindustrializadas… Además durante los años de crecimiento económico universalizó la sanidad, educación y pensiones, creando las bases de nuestro moderno estado del bienestar. Sin duda, algo para recordar.

No le fue tan bien durante la crisis de 1993, que también situó la tasa de paro en niveles superiores al 23%, pero ésta fue una crisis corta, duró sólo dos años. Las medidas de sacrificio social, que no fueron excesivas, seguían teniendo como objetivo seguir modernizando nuestro país, en este caso cumplir los criterios de convergencia y preparar a nuestro país para la entrada en el euro. Un objetivo discutible pero… un objetivo al fin y al cabo. Además, aunque el PP ganó las elecciones de 1996 y, por tanto, fue el gran beneficiado de la salida de la crisis, el PSOE también se llevó el éxito menor de que fuera su ministro de economía, Pedro Solbes, el que iniciara las bases de la recuperación y de una nueva política económica continuada con éxito por Rodrigo Rato.

Ahora el PSOE se nos presenta como un partido, de nuevo, que afronta la crisis económica, pero esta vez sin contrapartidas sociales, sin un objetivo modernizador y sin una visión clara de salida. El año 2010 lo despedimos con la transformación del subsidio de 426 euros para los parados que hubiesen agotados las prestaciones por desempleo en una ayuda a la formación, el final de las desgravaciones por la compra de vivienda, del cheque bebé, el endurecimiento de las condiciones de acceso a los créditos vivienda, la reducción retroactiva en lo salarios de los funcionarios, el endurecimiento de las condiciones para acceder a los créditos que financian a las rentas más bajas el acceso a los master, aumentar la edad de jubilización obligatoria desde los 65 años hasta los 67 años en 2027, etc. Este sacrificio social no se hace ni para entrar en el euro, ni en Europa, ni modernizar nuestra estructura económica, son tributos a unos mercados financieros que han decidido que somos insolventes. ¿Cuál es, por tanto, el rumbo del gobierno, el PSOE y la sociedad española? Hacer sacrificios en la nada se hace, si cabe, más duro todavía. Además se realizan bajo la perspectiva futura de un crecimiento económico plano y con altas tasas de paro persistentes, así como, una derrota electoral cercana. Si yo fuera dirigente del PSOE me preguntaría en beneficio de qué partido estamos gobernando…

El último en perder la inocencia parece ser que es nuestro presidente del gobierno José Luis Rodríguez Zapatero. A él sólo me gustaría recordarle los principios que asumió cuando presentó su candidatura a la secretaría general del PSOE, en León, el 25 de junio del año 2000:

1. Construir una sociedad que acepte a todos los inmigrantes.

2. Dar prioridad a la educación y crear empleo estable.

3. Dar a los padres más tiempo para pasar con sus hijos y cuidar a los ancianos.

4. Promover la cultura.

5. Convertir a España en un país admirado por ayudar a los más necesitados.

6. Ayudar a éstos con iniciativas de calidad.

7. Fomentar la democracia, adecentar la política y promover los valores por encima de los intereses coyunturales.

En su gesto se nota que ya no es el presidente que creía que la política era la ciencia del posibilismo, el espacio donde la esperanza se podía transformar en realidad… y él iba a ser el ejecutor de los deseos de sus conciudadanos. Hoy, más bien, parece algo más cercano a El príncipe de Maquiavelo, un político pragmático… que no duda en utilizar cualquier medio para cumplir sus objetivos (aumentará la edad de jubilación le pese a quien le pese, no le temblará el pulso a la hora de tomar al medidas que crea necesarias, etc.) Pero, no lo olvide, Sr. Zapataero para Maquiavelo esto sólo se podía hacer en beneficio de la comunidad civil organizada en Estado, es decir, para reforzar el Estado, no para debilitarlo, en ningún caso para favorecer a una oligarquía privada… Y esto ha sucedido en ocho cortos meses, seis años de mandato que se ven empequeñecidos por las decisiones de ocho meses de mandato. Le queda un año y medio, espero que no haga más méritos, su talante se haga más duro, las nuevas medidas hagan pequeñas a las anteriores y, en todo caso, se explique. Toda persona decente explica las evoluciones de su carácter, para dar seguridad a las personas que le rodean y confiaban en ella. Esto debería ser obligatorio en un presidente del gobierno que tiene que dar tranquilidad a toda una nación, confianza a sus votantes y seguridad a su partido en este año que se aproxima.

sábado, 18 de diciembre de 2010

WIKILEAKS Y LOS ESTADOS


Tras varios días sometido a la vorágine de información vertida por Wikileaks creo que ha pasado el suficiente tiempo como para reflexionar sobre este nuevo acontecimiento que ha acaparado la atención mediática de nuestras vidas.

Creo que el hecho de hacer partícipe al conjunto de la población sobre los aspectos más oscuros de su diplomacia no es algo que tenga consecuencias negativas. Internet debe convertirse en una poderosa arma en beneficio de la sociedad civil que, de una vez por todas, sea capaz de contrarrestar el monopolio que tienen sobre los canales de información las grandes corporaciones empresariales o los estados.

Lo anterior es lo que realmente hace novedoso el proceso, aunque la información vertida no nos llame especialmente la atención. Que la diplomacia y los Estados se hayan manejado opacamente, escondiendo sus aspectos menos deseables, no es algo nuevo, pero siempre se había protegido a través de las verdades a medias o la “duda razonable”. Es decir, a partir de las filtraciones de Wikileaks ya nadie puede hacernos dudar de unos Estados que van más allá del derecho para conseguir sus fines.

Pese a lo anterior tampoco creo que se hayan descubierto grandes secretos de Estado que vayan a cambiar el curso de la historia, tal vez sí nos hemos dado un poco más de cuenta de que la pérdida de hegemonía de Estados Unidos en el mundo es cada vez mayor. Sólo China, su probable sustituto en el cetro mundial, se salva de este proceso de transparencia informativa y…, casualidades de la historia también fue un proceso de transparencia informativa: la Glasnot, lo que inició el hundimiento del Imperio Soviético.

El paralelismo que me parece más interesante es que cuando un poder se muestra débil su actuación es errática, y esto es lo que le ha sucedido a Estados Unidos con Julian Assange. Si el tío Sam se encontrase seguro como país hubiera actuado con un criterio más claro. Podría no haberle dado importancia al tema y seguir enrocado en su hipocresía para generar la “duda razonable” en un buen número de ciudadanos, podría haber presionado a los periódicos que están dando cobertura informativa al proceso o, en el peor de los casos, haber eliminado con sus servicios secretos a Assange (no me refiero sólo físicamente, Maquiavelo también podría haber destruido su prestigio moral, económico, etc.). Sin Embargo ha actuado como los altos dirigentes del PCUS, cuando el 18 de agosto de 1991 ven la inminente disolución de la URSS y optan por una vía que anteriormente habían utilizado con éxito: el uso de la fuerza militar. Estos sacaron los tanques a las calles moscovitas, pero fueron incapaces de aplicar los mecanismos de terror y represión que con efectividad habían empleado en Polonia en la década de los ochenta, en Praga en el 68 o en Hungría en el 56.

Lo mismo se puede decir de Estados Unidos que en la década de los cincuenta desató la famosa “caza de brujas” contra el pensamiento crítico y disidente. El senador Joseph McCarthy y su Comisión de Actividades Antiamericanas condenó al exilio, el trabajo bajo pseudónimo y la pérdida de trabajo a artistas e intelectuales sobresalientes del país como Bertolt Brecht, Frank Capra, Charles Chaplin, Dalton Trumbo, John Garfield, etc. Autores éstos que pese al desprestigio del macarthismo en la segunda mitad de la década de los cincuenta, en la mayoría de los casos, no recuperaron su trabajo y, en ningún caso, su posición social anterior. Sin embargo con Assange Estados Unidos, sus aliados europeos y las grandes multinacionales no saben como actuar. Primero lo detienen con acusaciones que buscan el desprestigio público, se le acusa de haber forzado a una mujer en sus relaciones sexuales al situar todo su peso sobre ella, es decir, se le acusa de violación… Aunque al poco tiempo se le libera y se considera que dichas acusaciones tienen escasa probabilidad de progresar. En resumen, un proceso que sólo ha aumentado la popularidad de aquel al que se supone el enemigo público número uno de los estados occidentales. Lo mismo pasa con unas corporaciones empresariales, como MasterCard, que colaboran con la justicia a la hora de bloquear sus cuentas, pero rectifican a las pocas horas ante los ataques de los hackers que dejan pérdidas millonarias en sus cuentas de resultados.

En resumen, creo que son menos interesantes los supuestos “secretos desvelados” y mucho más el desarrollo de un nuevo proceso histórico: “la batalla por el control de la información en al red”, que está dejando descolocados y sin respuesta a los estados tradicionales y…, ya veremos, si sus consecuencias harán, como lo hizo su paralelismo histórico, tambalear algo más que el vetusto y acartonado concepto que teníamos de nuestros embajadores, servicios secretos, etc. Por cierto, mientras escribo estas líneas no puedo dejar de pensar en la maravillosa “flema” que David Niven mostró en su papel de embajador británico para la película: 55 días en Pekín.

sábado, 20 de noviembre de 2010

LA CRISIS IRLANDESA Y EL RIESGO MORAL


El mayor problema de nuestras economías no es la crisis en sí, sino las consecuencias futuras. Cuando se produjo el Crash del 29 las consecuencias a corto plazo fueron terribles: la depresión de la economía europea y las altas tasas de paro (rondaban el 30% en una sociedad con unas prestaciones sociales muy reducidas) favorecieron el ascenso al poder de Hitler y el estallido de la II Guerra Mundial (50 millones de muertos y el Holocausto). Sin embargo, en el medio plazo las consecuencias no fueron tan terribles, se reformuló la economía mundial y se consiguieron aliviar las tensiones sociales que vivía Occidente desde principios de siglo, es decir, se permitió incorporar social y políticamente a la clase trabajadora. Un éxito que dio lugar a la etapa de mayor prosperidad material y bienestar social colectivo de nuestra historia con la construcción del Estado del Bienestar. Tal vez, a largo plazo las consecuencias pueden ser desastrosas, ya que, la necesidad de prosperidad de capas de población cada vez más amplias ha generado una sociedad de consumo que está propiciando una crisis medioambiental terminal en nuestro planeta.

Este es, por tanto, el grave problema de la ciencia económica, una misma política tiene diferentes consecuencias en el corto, medio y largo plazo. Algo que no son capaces de valorar los votantes, que sólo piensan en su bienestar inmediato, del que es rehén la política. Este es el problema “real” por el que está atravesando Irlanda y, por extensión, también España y el resto del mundo.

En la década de los noventa Irlanda era el país con los índices de pobreza más altos de la Europa de los 15, todo el país era región objetivo número 1, es decir, tenía un nivel de renta que no alcanzaba el 75% de la media de la Unión Europea. Entonces decidió aprovecharse del euro y sus vecinos, redujo el impuesto de sociedades del 24% al 12,5%, el más bajo de Europa, y empresas como Google o Microsoft decidieron situarse en este pequeño país. Este aumento de la inversión, junto con unos bajos tipos de interés por estar dentro de la zona euro, aumentó el precio de la vivienda como nunca y… con ella el bienestar colectivo de los irlandeses: la renta per capita se situó como la segunda más alta de la Unión Europea (37.500 euros), la deuda pública estaba bajo mínimos (25% del PIB) y la tasa de paro se situó en posiciones cercanas al pleno empleo (7%).

Pero en el año 2008 se inició el desplome del precio de la vivienda y ésta arrastró todo su sistema financiero, para evitar una “gran depresión” el gobierno irlandés decidió garantizar todos los depósitos, es decir, asumir todas las deudas financieras de sus bancos. Esto evitó la caída en barrena de su economía, pero en el medio plazo hizo que el estado irlandés alcanzase un déficit público del 32% anual y una deuda que se espera sea tan alta en dos o tres años como la de Grecia (120%). El coste de esta deuda lo están pagando sus ciudadanos en recortes y en pérdida de autonomía política, al necesitar 50.000 millones de euros de otros estados europeos y del FMI, que para cobrarlos exigirán a sus ciudadanos más sacrificios sociales. Además, está el largo plazo… El Estado irlandés se ha hundido al asumir las pérdidas de sus bancos y éstos que han salido indemnes, ¿qué barrera tienen para no volver a hacerlo? ¿Cómo van a abandonar un modelo económico que les reporta jugosas primas por sus inversiones de riesgo y en el que el Estado les salva cuando entran en pérdidas? ¿Quién salvará a la economía, las empresas e, incluso, los bancos cuando el Estado ya no exista como tal? Con el resto del mundo, Irlanda, en el largo plazo, ha elegido el camino del abismo… Pero, ¿importa esto en el presente…?

lunes, 20 de septiembre de 2010

VERGÜENZA




Hace cuatro años volví a votar, como en anteriores elecciones al PSOE, y lo hice con ilusión. El primer gobierno de Zapatero había conseguido en sólo cuatro años conquistas sociales de calado, que en otras circunstancias históricas hubieran tardado décadas en conseguirse:

1. La igualdad de derechos para las relaciones homosexuales.

2. La legalización de cerca de un 1.000.000 de trabajadores inmigrantes que trabajaban en la economía sumergida y pasaron a estar regularizada su situación. Éstos pasaron a disfrutar de los derechos que se merecían y a contribuir con sus impuestos al sostenimiento general del país.

3. Elevó el Salario Mínimo Interprofesional y las pensiones como no ha hecho un gobierno en la democracia.

4. Creó el cuarto pilar del Estado del Bienestar en nuestro país: la Ley de la Depedencia.

5. Retiró las tropas de Iraq

6. Mejoró notablemente la independencia de los medios de comunicación públicos. Y un largo etcétera que aquí no voy a relatar.

Pasadas las elecciones de 2008 el proyecto de Zapatero fue refrendado con un mayor caudal de votos y... luego llegó la crisis económica. Digo la crisis económica, pero en realidad el gran cambio se produce en la primavera de 2010, en la reunión del Consejo Económico Europeo anterior al ajuste. En este Consejo el presidente cambió su política y optó por el pragmatismo de los mercados. A lo mejor en ese Consejo secuestraron a nuestro presidente y quien gobierno actualmente es Aznar disfrazado... Lo único que sé es que progresivamente ha ido "enfureciendo" a sus votantes progresista, pero lo de la última semana es ya claramente indefendible.

Que el presidente dé la espalda a sus políticas sociales puede estar justificado por la necesidad de crédito internacional de nuestra economía, pero que justifique la ilegalidad de Sarkozý no tiene explicación alguna.

Sarkozý ha roto, como Bush en su día, una legalidad internacional que le obliga y que, además en su caso es una legalidad nacional, votada por la Asamblea Francesa y que establecía la libertad de movimientos de personas, capitales y mercancías dentro de la Unión Europea. Pero lo peor es que como las leyes racistas del siglo XIX y Entreguerras, que después del nazismo parecían erradicadas, ha desencadenado el odio de las clases sociales amedrentadas por la crisis y las ha situado sobre un "chivo expiatorio" marginal: los gitanos rumanos. Si éstos comenten delitos, que se les aplique las mismas leyes que al resto de la población, pero no se puede marcar a una persona por su condición étnica o personal.

Frente a lo anterior nuestro Presidente no sólo calla y otorga, sino que consiente y justifica. Francamente no lo entiendo, se ha hecho cómplice de una medida racista y populista. ¿Por qué lo ha hecho señor presidente? ¿Por qué ha hecho a nuestro país cómplice de la vergüenza? ¿Por qué no se sitúa frente aquellos que utilizan la miseria y los instintos más bajos del ser humanos para obtener un puñado de votos? ¿Qué justificación tiene esta vez, acaso la defensa de los gitanos rumanos elevaría el bono de la deuda española?

Espero que algún día responda satisfactoriamente a estas preguntas, mientras tanto ha perdido usted toda mi confianza.

sábado, 18 de septiembre de 2010

LA HUELGA GENERAL Y LA CRISIS


En España es una costumbre bastante arraigada el entender que la salida de la crisis viene acompañada de una reforma laboral. Desde que vivimos en democracia seis han sido las convocatorias de huelga general y, la mayoría, han estado relacionadas con reformas del mercado laboral que flexibilizaron y abarataron el despido.

Estas medidas han ido identificando en la sociedad española, desde sus elites al conjunto de la ciudadanía, la necesidad de llevar a cabo una reforma laboral que ayude a recapitalizar las empresas como la mejor salida para la crisis, cuando en realidad lo único que hacen estas reformas laborales es redistribuir los costes de la crisis. Éstas poco tienen que ver con los procesos de recuperación económica.

Las dos primeras huelgas de la democracia (5 de abril de 1978 y 20 de junio de 1985) nada tienen que ver con reformas laborales. La de 1978 fue un paro "simbólico" coordinado por diferentes centrales sindicales europeas cuando la crisis del 73 estaba liquidando una de las políticas fundamentales de Posguerra, el pleno empleo. En aquellos años el desempleo había alcanzado al 5% de la población activa y los sindicatos consideraban que ésta era una cota intolerable. Hoy la tasa de paro se aproxima al 20% y la política del pleno empleo ya no forma parte de la agenda de los gobiernos europeos.

El 20 de junio de 1985 la central sindical de CC.OO., esta vez en solitario, convocó una huelga general contra el primer gobierno socialista. En este caso el punto de fricción con el gobierno fue la reforma del sistema de pensiones. CC.OO. se rebeló contra una reforma que suponía elevar el cálculo de las pensiones desde los dos últimos años hasta los quince actuales. Esto fue considerado una rebaja de los derechos de los trabajadores, ya que la mayoría de éstos disfruta de los mejores contratos en sus últimos años de vida laboral. Desde 1985 se han producido otras reformas en el ámbito de las pensiones, como la de 1987 que introduce el sistema complementario privado y la pactada de 1997 en que se separa formalmente la tesorería general de la Seguridad Social de la del Estado, aunque esta reforma se completará en 2012. Hoy se está discutiendo extender la edad de jubilación hasta los 67 años.

La tercera y, tal vez, más importante huelga de la democracia fue la del 14 de diciembre de 1988. Ésta fue una fecha histórica en nuestra reciente democracia. Sus consecuencias fueron más allá del propio motivo de su convocatoria. Supuso la ruptura histórica de la llamada "familia socialista" que estaba formada por la UGT y el PSOE. Desde entonces el partido dejó de ser una correa de transmisión en el parlamento del sindicato y la doble militancia dejó de ser obligatoria. Se rompía un siglo de lucha obrera de un modo traumático, ya que la mayoría de los militantes tuvieron que elegir entre dos fidelidades que hasta entonces habían ido de la mano. Frente a esto se dio una consecuencia positiva, la construcción de nuestro escaso estado del bienestar. El primer gobierno socialista con Boyer al frente de economía quedó definido por la frase de "primero crecer y luego repartir", con él llegó la reconversión industrial. Fue esta huelga general la que llevó al gobierno socialista a dar un giro social a sus políticas e implementar la universalidad de la sanidad, pensiones y educación, mediante leyes generales que se aprobaron todas ellas en 1990. La tercera consecuencia, esta en el plano político, estuvo relacionada con la pérdida de la mayoría absoluta del PSOE en las elecciones de 1989, aunque un diputado de la actual Coalición Canaria permitió que éste gobernase como si tuviese mayoría absoluta. Aun así el PSOE dejó de ser considerado el "partido natural" del país y de aplicar la famosa política del "rodillo".

En un plano más coyuntural el Plan de Empleo Juvenil que provocó dicha huelga introdujo los contratos de empleo temporal en los jóvenes. En la actualidad al problema del alto desempleo juvenil se suma el problema de la precariedad en la contratación. Pero lo más estridente se produce cuando veintidós años después nos encontramos con una tasa de paro juvenil que es el doble y, además, con el problema de la precariedad en el empleo que alcanza ya al 33% del conjunto de las contrataciones. Además la única solución que se le ocurre a nuestra clase política es seguir precarizando el empleo, lo que, como se ha visto a lo largo de veinte años, no reduce el desempleo estructural que arrastra la economía española.

La cuarta huelga se produce el 29 de mayo de 1992. Esta huelga tuvo un alcance más limitado que la anterior y marcó el inicio del declive del movimiento sindical en España. Las causas de la huelga estaban relacionadas con el coste económico que había supuesto el giro social del gobierno, al que fue obligado por la presión sindical en la anterior huelga. Una de estas medidas sociales fue extender la cobertura del desempleo a un mayor número de parados que multiplicó por dos el gasto en desempleo (se pasó de 810.000 millones de pesetas a 1,6 billones al año). Esta situación se pudo mantener hasta la crisis de 1992 – 1994, en la que la tasa de paro volvió a crecer hasta superar el 20% de la población activa y el ministro de economía Carlos Solchaga, ya bajo los criterios de convergencia de Maastricht, optó por reducir la cuantía del subsidio por desempleo y su cobertura, a lo que lógicamente se opusieron los sindicatos.

Esta huelga, aunque ha sido considerada de menor importancia que la anterior, supuso un verdadero canto de cisne en la historia de la democracia española. Supuso el fin de Solchaga como ministro de economía, un ministro que representaba con Boyer a los "yuppis" de los ochenta encaramados a unos gobiernos socialistas que habían favorecido el enriquecimiento fácil de ciertos sectores sociales. También supuso el fin de la pujanza que el movimiento sindical había alcanzando con la huelga del 14 de diciembre de 1988; desde entonces éstos han dejado de influir en las políticas económicas de los gobiernos. Por último, también abrió la puerta al cuestionamiento de las políticas socialdemócratas en España, aquellas que confían en el Estado para redistribuir la riqueza y generalizar cierto bienestar colectivo al conjunto de la ciudadanía del país. Podemos concluir que éstas sólo tuvieron una corta implementación en nuestro país, desde 1989 hasta 1992; en estos tres años se construyeron las bases del Estado del Bienestar en España, mientras que en el resto de Occidente su construcción y perfeccionamiento se produjo durante las tres largas décadas de Posguerra.

La quinta huelga general de la democracia se produce el 27 de enero de 1994. Ésta ya fue una huelga menor o propia de un tiempo donde los sindicatos empiezan a perder poder dentro del espacio público de las democracias occidentales. Esta huelga fue muy similar a la actual, la tasa de paro había alcanzado el 23% de la población activa, el porcentaje más alto de nuestra historia, por tanto, el descontento era evidente. En los años anteriores se habían aumentado las prestaciones por desempleo, pero esto disparó el déficit público, como ahora, hasta niveles insostenibles, cercanos al 6%. La situación era límite y los agentes sociales no llegaban a un acuerdo, así que el Gobierno decidió llevar a cabo una reforma laboral en solitario que facilitó el despido (por primera vez se introduce la causa económica como un motivo justificado de despido), se rompió el monopolio del INEM en la colocación y se creron las famosas agencias de colocación o empresas de trabajo temporal, se elevó la edad a la que un trabajador se podía acoger a un contrato de formación (desde los 20 a los 25 años), permitiendo que recibiera un salario por debajo del Salario Mínimo Interprofesional, y disminuyó la protección a los contratos a tiempo parcial.

En este caso la huelga fue un fracaso, no paró una reforma innecesaria que creó, a largo plazo, la dualidad laboral en España al fomentar la contratación temporal y que hoy es un problema ya que supone un tercio del total de contrataciones y, como hemos visto, no soluciona el problema del paro. Lo único que consiguió fue debilitar un gobierno socialista que estaba ya en el final de su recorrido, demasiado acosado por los casos de corrupción (Filesa, GAL, etc.) y que hacía previsible un futuro gobierno del PP de Aznar que, eso sí, en minoría, buscó su legitimidad en un consenso social que los últimos gobiernos del PSOE habían rechazado y consiguió una reforma laboral pactada en 1997.

La última huelga general en España fue el 21 de junio de 2002 y, como casi siempre, triunfó en los transportes, construcción e industria. La causa fue, como la anterior, una reforma laboral no pactada con los agentes sociales. En este caso se debió a que el PP se encontraba bajo los duros efectos de la mayoría absoluta y mostraba un rostro de prepotencia, llevando a cabo una reforma laboral innecesaria, ya que España seguía creciendo pese a la crisis bursátil de las puntocom. Como en los casos anteriores el objetivo era conseguir un poco más de renta del trabajo y cedérsela en tributo al capital. Desde la Transición los trabajadores han pasado del 51% de la masa salarial total del país al 44% actual y... seguimos bajando. En este caso el conflicto fundamental fue la supresión del salario de tramitación, es decir, el salario que se percibe entre el momento en que se despide a un trabajador de un modo improcedente y el momento en que un tribunal de justicia dicta sentencia a su favor. En un segundo plano también se reformó el subsidio agrario y la renta activa de inserción. A partir de la huelga el PP inició un camino hacia la pérdida del poder que empezó con la huelga general y continuó con el derrame de petróleo del Prestige y su mala gestión de los atentados del 11 de marzo de 2004.

Hoy los sindicatos nos vuelven a convocar a una huelga general el 29 de septiembre de 2010 y yo estoy de acuerdo con ellos. Creo que debemos movilizarnos en la defensa de nuestros derechos porque no es justo:

1. Que se abarate el despido en los nuevos contratos fijos de 45 días a 33 días.

2. Que se considere una causa objetiva de despido el tener una menor previsión de beneficios.

3. Que se nacionalicen las pérdidas de los bancos y se privaticen los beneficios.

4. Que gobiernen los mercados y lo que los ciudadanos establecen con su papeleta en la urna no cuente nada.

5. Que tengamos un problema de dualidad en el mercado laboral y se opte como solución por precarizar el conjunto del mercado de trabajo.

Sólo dos reflexiones más:

1. Los economistas están considerando que los trabajadores son responsables de las pérdidas de una empresa por su baja productividad, por tanto, tienen que pagar las pérdidas. Si eso es correcto entonces también serían responsables de los beneficios y, entonces, ¿por qué no se les retribuye de la misma forma que a un ejectuvo con stock options o pluses por los beneficios obtenidos?

2. En los siguientes meses está en juego la reforma de las pensiones, si perdemos esta lucha está en riesgo una modificación del sistema de pensiones que vuelva a erosionar los intereses de la clase trabajadora.